Sorpresa por sonata del caleño Figueroa

10 de enero del 2012

El programa dominical del Festival de Música de Cartagena incluyó dos presentaciones de música de cámara. La sesión matinal en la capilla del Hotel Santa Teresa y en la noche el Teatro Adolfo Mejía. Imposible reseñar en este espacio las ocho obras escuchadas en el octavo dia del año. Un acierto de los organizadores programar […]

El programa dominical del Festival de Música de Cartagena incluyó dos presentaciones de música de cámara. La sesión matinal en la capilla del Hotel Santa Teresa y en la noche el Teatro Adolfo Mejía. Imposible reseñar en este espacio las ocho obras escuchadas en el octavo dia del año.

Un acierto de los organizadores programar música del compositor caleño Luis Carlos Figueroa, la sonata para violín y piano en Re mayor escrita en París en 1955. Su hija informó que por problemas de salud el autor no había podido estar presente. Sin embargo, las comunicaciones permitieron que él viera y escuchara el ensayo e intercambiara ideas con los intérpretes para el mejor desarrollo musical de sus tres movimientos. El violinista californiano Steven Copes dejó buena impresión por su seguridad y buen sonido. Desafortunadamente a Blanca Uribe le sobró fuerza en el acompañamiento de algunos pasajes de la pieza. Una obra compleja que según Ganz, uno de los solistas del festival, “habla un lenguaje armonioso, muy creativo con un toque francés muy personal”.

Anne Marie Mc Dermott, demostró que será una de las favoritas del público tanto por su cuidadosa interpretación de cuatro mazurkas del opus 17 de Chopin y la delicadeza con la que cerró el programa matinal con la Canción de cuna (Berceuse) opus 57 del mismo compositor.

Muy interesante desde el punto de vista de su concepción el cuarteto con piano en la menor, compuesto cuando Gustav Malher aún era estudiante de conservatorio.

La velada nocturna en el Teatro Adolfo Mejía con la actuación del cuarteto Saint Lawrence, llenó el recinto de sonidos sublimes como solo ellos saben hacerlo, con apasionamiento, entrega, disciplina y técnica depurada. El programa incluyó una obra moderna de Marcus Goddard “Allaqui”, el quinteto opus 111 de Brahms y el quinteto con piano No 1 opus 1 de Ernö Dohnanyi. Además Dos “Chóros” para violín y chelo de Villalobos.

La obra que más llegó al público fue la de cierre del programa el quinteto de Dohnanyi, escrito a los 18 años, obra que “impresionó tanto a Brahms que éste organizó una presentación para lanzar la carrera del joven músico”. Brian Ganz, pianista norteamericano hizo su primera presentación en el festival completando al grupo de cuerdas. Qué dominio de la obra demostró el quinteto, con muchos pasajes destacables como el inicio del adagio en el que la violista Robertson sacó los mejores sonidos de su fino instrumento iniciando con un pianísimo exquisito. El movimiento final cerró la programación con singular ritmo y energía. La mayor ovación del certamen hasta ahora fue el justo premio para este grupo tan querido por la afición de Cartagena.

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