Su Majestad Cronos

4 de marzo del 2019

Ahí está Roger, en el desierto y en la última curva antes de cumplir 40. Firmando otro capítulo en su dorado libro de hazañas que parece más una novela épica que un registro biográfico. Poniendo otro lingote de oro en su repleta vitrina que ya tiene tres pisos y el tamaño de un castillo. Aunque […]

Su Majestad Cronos

Ahí está Roger, en el desierto y en la última curva antes de cumplir 40. Firmando otro capítulo en su dorado libro de hazañas que parece más una novela épica que un registro biográfico. Poniendo otro lingote de oro en su repleta vitrina que ya tiene tres pisos y el tamaño de un castillo.

Aunque la historia plantó cara a la leyenda y se resistía a dejarse doblegar otra vez, el telón se rasgó. Desde octubre del año pasado Federer falló tres intentos consecutivos de llegar a los tres dígitos: París Bercy, Torneo de Maestros y Australia, pero la grandeza de su raqueta, una vez más, parece superar incluso al tiempo, y este fin de semana en Dubái, el suizo dio un paso más en el Olimpo al que hace rato pertenece.

Se convierte así en el segundo hombre, si es que realmente es de carne y hueso, que alcanza la cifra de 100 títulos ATP, de los cuales 20 son Grand Slam y 27 Masters 1000. Una corona que celebra todo el mundo. Por lo que significa él para el deporte en general y porque, además de todo, es un gran ser humano.

Hoy aplauden todos de pie al trabajador incansable, haciendo del tenis un arte. Al del largo repertorio para afrontar los partidos y el impresionante control mental. Pero también al filántropo, al que da comida y abrigo a los niños necesitados de África. Aplauden al caballero dentro y fuera de la cancha, al hombre del piano y a aquel que le ha enseñado a sus seguidores cómo levantarse.

Las palabras de Jimmy Connors resumen el sentimiento del mundo del tenis: “Bienvenido al triple dígito, Roger. He estado un poco solo hasta ahora… ¡Contento de tener compañía”. Jimbo es el único que lo supera en cantidad de títulos y aunque seguramente sí celebra la posibilidad de ver a Federer, una parte de él debe seguir hinchando porque la historia y el tiempo ganen la última batalla a Su Majestad, y se atraviesen en su camino a los 109 títulos con los que lo igualaría.

Como Cronos, dios del tiempo, Federer ha liderado una revolución que relativiza todo su entorno y lo pone por encima de todos los demás. Es de esas figuras que nos hacen pedirle al tiempo, o a él, bajar un cambio. Hacer una de esas dulces excepciones y retrasar su vejez, su retiro.

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