Subestimar o sobrestimar, igual de malo

10 de enero del 2020

Por: Emilio Figueredo.

Subestimar o sobrestimar, igual de malo

En el curso de la historia han existido estruendosos fracasos políticos cuando se ha subestimado o, por el contrario, sobrestimado al adversario.

Un ejemplo importante de subestimación ha sido la visión que tuvieron diferentes gobiernos norteamericanos sobre Cuba. Al no darle su debida importancia a lo que significaba la figura de Fidel Castro, y no contenerlo a su debido tiempo, permitieron que este se convirtiese en el gran desestabilizador de América Latina.

Un caso de sobrestimación fue lo que se quiso vender a la opinión pública norteamericana sobre la enorme capacidad destructiva, a nivel mundial, que representaba el régimen de Sadam Husein. Como se sabe eso condujo al gobierno de Bush a su desastrosa decisión estratégica de invadir Irak en 2003 —desastrosa porque apartó de forma permanente a un líder regional que equilibraba el poder de Irán.

Refiriéndonos a nuestro país, hemos subestimado la capacidad de resistencia del régimen en algunas oportunidades y en otras, sobrestimado su poder para consolidarse eternamente.

Tal vez lo que no hemos terminado de entender es que la única manera de vencer es impulsando la unión en la resistencia del pueblo venezolano, de abajo hacia arriba y no viceversa. El ejemplo boliviano es claro, no fueron los partidos de oposición los que lograron la movilización masiva de la población, sino las organizaciones cívicas. Es decir, que sin menospreciar la positiva acción de los partidos opositores democráticos, se requiere convencer a la base del país sobre por qué debe luchar para recuperar su bienestar.

En otras palabras, más que emitir pronunciamientos mediáticos, retomar la labor política que hacían los partidos del pasado de convencer a la población de la importancia de luchar por sus derechos.

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