A sus 40 años, mi amigo está viejo para trabajar

11 de marzo del 2015

¿Y tú, cuántos años tienes?

A muchos les ha pasado. Cuando no han llegado a los 25 años les dicen que son muy jóvenes para un puesto de trabajo y a los 40, que son seres que por su edad no son ideales para una empresa.

En primera persona, esta es la historia que vivió Andrés en una entrevista de trabajo:

Les voy a contar esto que me pasó ayer, no dejen de leer, es “chévere”.

Ayer presenté a una entrevista de trabajo (por respeto y porque quiero el puesto, no mencionaré datos precisos del dónde o el quiénes). Me recibieron de forma decente, agradable, la charla fluía entre preguntas normales. Incluso en la entrevista pedían hacer una prueba escrita y mis dos entrevistadoras (dos mujeres muy simpáticas) me dijeron que en mi caso la prueba no era necesaria por mi buena hoja de vida.

Todo iba muy bien. Hasta que llegó lo siguiente: “¿Qué opinas de lo que ves en esta oficina, del equipo de trabajo?”, me dijo la mujer que denotaba más liderazgo.

Yo le di vuelta a mi silla, miré por la ventana y le dije: “Pues… llevo 10 minutos acá, lo veo normal”, y se me escapó una risa nerviosa.

De nuevo la entrevistadora tomó la palabra: “Es que acá yo soy la mayor, tengo 35 años y los muchachos que ves me dicen ‘la catana’. Ellos son más jóvenes y me molestan, de buena fe y forma, con el cuento de la edad. ¿Te lo digo para saber si tienes problemas con trabajar con gente más joven…?”

Me atornillé a mi silla, empecé a sudar, no sé qué cara hice pero no quiero saberlo. Miré a la una y miré a la otra. De inmediato la otra entrevistadora ripostó: “Te lo decimos porque ya tuvimos a un señor mayor y la experiencia no fue buena. El señor nunca se pudo integrar y fue un lío. No encajó en el grupo”.

Yo oí todo con respeto. La verdad nunca lo tomé como un irrespeto, ni más faltaba. Mi mirada se trasladó al horizonte, así, cual video de Ricardo Montaner en fase analítica y nostálgica. Luego las miré a las dos y les dije: “Pues miren, lo que ven es lo que soy. Así como un día vengo así, otro día puedo venir con una camiseta de rock. Obviamente no soy bobo, sé cómo estar de acuerdo a la situación. Siempre he trabajado con gente más joven y a veces resulto ser el que tiene el espíritu más joven. Con eso no tengo problema. Me considero muy joven. Y mi trabajo es serio, de experiencia y eficaz. Es más, ante los jóvenes (como yo) soy amplio con mi trabajo. La verdad (ya en un tono más relajado): soy un joven laborioso con experiencia”.

Hubo risas, la cosa se “distensionó” y una de ellas me preguntó: “¿Tu cuántos años tienes?”

Sentí, de forma muy boba de mi parte, que me había preguntado la cura del ébola o la solución para que no tengamos tantos Nicolases Gavirias. No sobra decir que en ningún momento le dije: “¿Usted no sabe quién soy?” No, amigos, le dije mi edad y ya. El silencio de los siguientes 3 ó 4 segundos me resultó como un siglo. La entrevista duró un rato más, sin nada especial…

Les confieso que entré a la entrevista de una forma, con la espalda erguida, unas canas, sobrepeso y una que otra arruga. Pero al salir me sentí jorobado, achacado, más arrugado y con el pelo blanco. La cosa no dejó de bajonear.

Pero no duró mucho, ya en el ascensor pensé lo que significa la edad en el mundo laboral en este país, y eso se resume así: el que es mayor de 40 es ya obsoleto y quien es menor de 25, aún no sirve.

Yo tengo más de 40 y menos de 45 (se las dejo ahí para que cavilen). Me ha dado la crisis de los 40, obvio, no soy de palo, pero me siento joven. Comparto con jóvenes, con gente de mi edad y gente de más edad y no tengo lío. Me acomodo a lo que sea y me sale de forma espontánea, no impostada, cosa que me parece más valiosa.

Espero que me salga el trabajo, de verdad que sí. Mal que bien necesito el puestico, esto ha estado muy “verraco”. Pero también quiero estar allá y demostrar lo que en todos mis trabajos he demostrado: una gran calidad humana y profesional, eficiencia en mi trabajo, honestidad, y el dejar en todo lado donde he trabajado algo invaluable: amigos, y gente que me valora y valoro.

Nunca me había pasado que saliera a flote mi edad en una entrevista de trabajo. Lo que acá les cuento no es culpa de nadie, menos aún de las dos amables mujeres que me entrevistaron, esto, esto es cuestión del sistema.

Eso sí, este hombre, este que sigue siendo joven, llegará a trabajar, si sale el camello, a poner en su puesto de trabajo su par de juguetes de Star Wars, las fotos de Andrés Escobar, Maradona y mi hija, un escudo de Iron Maiden y tendré puesta, sobretodo los viernes que es “Jean Day”, mi camiseta rockera.

Buen día para todos y gracias por leer esto.

El final

El trabajo no le salió. Andrés sigue buscando un trabajo estable, como hace más de un año.

@javieraborda

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