También en lectura: no descartar el pálpito primero

10 de septiembre del 2011

Reseña del libro La mujer barbuda de Ramón Illán Bacca A veces impedimos que nuestra intuición con sus pálpitos misteriosos nos señale pautas en la escogencia de nuestros libros, esta soberbia racional se nos castiga con tediosas lecturas, a las que, por fortuna, sobreviene la contrición que es la buena lección de tales pecados. Cuando […]

Reseña del libro La mujer barbuda de Ramón Illán Bacca

A veces impedimos que nuestra intuición con sus pálpitos misteriosos nos señale pautas en la escogencia de nuestros libros, esta soberbia racional se nos castiga con tediosas lecturas, a las que, por fortuna, sobreviene la contrición que es la buena lección de tales pecados. Cuando vi el libro objeto de esta reseña: carátula, título y habiendo sobreleído algunas hojas me dije este es el tipo de libros que nunca leería. La voluntad se desvaneció frente al asedio de la publicidad, las menciones en revistas y el hecho de haber sido propuesto por una editorial “seria”. Arrepentido intento reivindicarme con esta reseña. Me ocurre en materia de lectura de un libro el ser bastante disciplinado, es raro que abandone una lectura salvo contadísimas excepciones, porque siempre y hasta el último renglón –obstinado– conservo la esperanza de que con el transcurso de las páginas las cosas se mejoren. Claro yerro en el caso presente.

El contenido del libro es una historia insípida que se puede resumir así: a inicios del siglo XX dos chiquillas adolescentes heredan una gran fortuna de sus padres muertos en extravagantes condiciones; en acopio de maniqueísmo una de ellas es descrita como bella y la otra por contraste fea y “adornada” con hirsutismo (largas barbas y pelamenta le crecen en cuestión de horas haciendo infructuosa cualquier depilación) y manifiestos asomos de ninfomanía; un personaje malo, malísimo merodea e intenta casarse con la hermana de la peluda para apoderarse de su fortuna. A la peluda, se le compra un circo para que exhiba impúdicamente su frondosa barba, pero el barco en que se desplaza el circo naufraga en condiciones misteriosas. El resto es añadidura. En la última página dan ganas de decir Colorín Colorao este cuento finalmente se acabó.

Se rescata en la narración a “la chipriota” una chica que no es chipriota, quien nacida en Panamá ha vivido en Londres en un ambiente de mucho mundo, drogas y prostitución, luego por arte de birlibirloque se encuentra en el Caribe en donde es protagonista de inverosímiles acontecimientos hasta convertirse, también por el mismo arte, en institutriz de las dos adolescentes. Este personaje es tal vez la verdadera protagonista del relato y que con un buen trabajo de escritura y edición podría rescatar ampliamente la novela, desfocalizándola de los múltiples subtemas distractores en que incurre.

Es de anotarse también que aquí los personajes viajan con gran rapidez y facilidad de Londres a París, a Panamá, a Barranquilla, Santa Marta y otros sitios creando además de falta de credibilidad, zozobra innecesaria en el lector.

Claro, se entiende que una novela no sólo cautiva atención e interés por la trama urdida y minuciosa que posea, esta muchas veces no es elaborada y está al servicio, o es una excusa para la expresión de ideas, de mensajes, o aún para el desarrollo de una narrativa sutil, poética, o la libre expresión de estéticos fraseos, juegos gramaticales y florituras lingüísticas, entre otras posibilidades narrativas. Aquí: ni trama ni aderezos filológicos.

Tal vez debido a la falta de una trama sólida, se siente el escritor en la necesidad de introducir un sinnúmero de pequeñas anécdotas anexas que no hacen sino incomodar aún más la atención y llenar de un gran número de nombres de fugaces personajes de intervención puntual (muchas veces de duración de una sola frase) con lo cual la ya difícil concentración se disipa.

La historia que intenta narrar la novela se repite de varias maneras, contada en primera persona al menos por dos narradores; astucia interesante que podría permitir el complemento de la historia o el relatarla desde perspectivas diferentes. Aquí no es el caso, pues el método se limita a la sola repetición sin mayor valor agregado.

Debe abonarse el buen léxico utilizado en el libro y que a veces recrea el sinsabor de la narración. Seguramente le falto al escritor samario Ramón Illán Bacca un editor que hubiese ayudado a dar rumbo a esta obra.

Si se hubiese hecho caso a la primera línea del libro que es una citación literal de Perogrullo, el lector hubiese empleado su tiempo en la exploración de tantos otros libros que llaman y que permanecen en espera debido a la poquedad de tiempo. Era una advertencia que neciamente se pasó desapercibida.

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