¡Tan charros!

9 de febrero del 2015

Desde que se inventaron el cuento del Niño y la Niña no aciertan ni una.

Como dirían en Medellín, tan charros esos de las predicciones climatológicas. Desde que se inventaron el cuento del Niño y la Niña para reemplazar lo que antes se conocía como verano o invierno, no aciertan ni una.

Basta con que digan que vamos a sufrir una fuerte sequía producto del fenómeno del Niño, para que se dispare a llover y lleguen las inundaciones o avalanchas por saturación de agua. Y cuando, por el contrario, nos avisan que va a llegar la Niña con sus torrenciales aguaceros, lo que aparece es un calor inaguantable y su consecuente sequía. Claro, nadie asume ninguna equivocación; simplemente le achacan la culpa al cambio climático y se quedan tan tranquilos.

Acaba de pasar precisamente eso. El mismo Santos y todas las autoridades ambientales dieron la voz de alerta: Ahorren agua, báñense más cortico, sean previsivos porque vamos a tener muchos meses de sequía. Pues no fue así, llegaron las lluvias y estamos de agua hasta el cogote.

Tan charro también el Procurador que anda de pone quejas en la Corte Penal Internacional. Llevó un informe alarmante y alarmista para recordar que las Farc han desaparecido miles de personas. Muy previsivo el doctor Ordoñez cree, como los “expertos” en climatología, que va a llegar una cosa cuando puede aparecer otra muy distinta.

Y es por eso que el señor Procurador se termina pareciendo a las Autoridades ambientales: A los dos les encanta asustarnos con un lobo que no aparece y cuando por fin aparece nadie les cree. Pero mientras el lobo llega, ni el uno ni las otras hacen nada para prevenir sus daños.

¡Que viene el Niño!, ¡que ya va a llegar la Corte Penal Internacional! Pero nada, de nada, ni calor ni justicia internacional. Y no llega ni el uno ni la otra simplemente porque las cosas no funcionan como ellos creen. La justicia internacional y la climatología obedecen a leyes difíciles de entender, y sobre todo no manipulables localmente.

La Corte Penal Internacional es una instancia autónoma, que no obedece a los deseos políticos de las facciones internas de un país. Actúa a discreción, no sobre todos los casos, sino apenas sobre los mayores determinadores de delitos de lesa humanidad y, sobre todo, únicamente en ausencia de la justicia propia. La jurisdicción internacional no puede utilizarse para detener un proceso de paz como quisiera el señor Procurador y tampoco sirve para adelantar un control previo o concurrente a procesos judiciales internos.

La jurisdicción internacional funciona muy distinto; espera, observa, recoge información, y sólo interviene después de que constata que una nación es incapaz de utilizar sus propios mecanismos legales para aplicar sus leyes.

No nos asusten más con el Niño, la Niña o la Corte Penal Internacional. Que el doctor Ordóñez se aplique a lo que le toca: erradicar la corrupción administrativa, esa sí desbocada y en la mayor impunidad, y deje de andar metiéndole palos a la rueda del proceso de paz. Por su parte que las autoridades ambientales afinen sus instrumentos de predicción y, si no pueden hacerlo, entender el clima, que por lo menos controlen los factores de desequilibrio ambiental como son la minería ilegal, la tala, la contaminación y tantos otros factores que como la corrupción están salidos de madre.

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