Tan lejana es la paz como tan cercana es la realidad

25 de enero del 2011

La violencia que estamos viviendo hoy en Colombia es la violencia de siempre pero también es el resultado del fracaso del proceso de paz con los paramilitares en Ralito. Y las mal llamadas BACRIM resumen casi toda la historia del conflicto, porque existen unas causas objetivas que todavía no han sido resueltas.

Pero eso no es excusa para que acá no llamemos a las cosas por su nombre. Aquí les decimos a las ejecuciones extrajudiciales ´falsos positivos´; a las conspiraciones del DAS ´chuzadas´ y ahora a los paramilitares ´bandas emergentes o BACRIM´.

Unos dicen que las mal llamadas BACRIM son estructuras vigentes del poder paramilitar y otros aseguran que allí hay de todo. Lo cierto es que se tratan de paramilitares que ya no combaten a la insurgencia, que ya no protegen a los hacendados y que inclusive son socios de la guerrilla en el negocio del narcotráfico.

Lo interesante del asunto es la relación que existe entre las mal llamadas BACRIM y la concentración de la tierra en Colombia, porque en las regiones donde las tasas de homicidios han aumentado, el valor de la tierra ha disminuido.

Por eso soy tan escéptico frente al futuro de leyes como la de tierras y de víctimas, porque la tierra se sigue concentrando, las víctimas siguen aumentando y marcos legales como el de Justicia y Paz no funcionan, porque la justicia transicional tiene serios vicios de inconstitucionalidad.

Al mismo tiempo, las mal llamadas BACRIM demuestran que la violencia en Colombia no se acaba derrotando a la guerrilla y que debemos decidir entre negociar con ellas o endurecer la política criminal del Estado. Porque pareciera que Santos subestimó el problema de la seguridad y creyó que existían otras prioridades para que no nos acordáramos de Uribe.

La pregunta es, ¿qué tipo de seguridad necesita Colombia? Porque no podemos seguir siendo tan ingenuos y tan torpes de pensar que capturando o matando a las cabezas de las organizaciones criminales vamos a resolver el problema de la violencia en el país. Todo lo contrario, cada vez que cae un jefe, un cabecilla o un capo, las organizaciones criminales se vuelven más violentas para defender o adueñarse del imperio en disputa.

Por lo tanto, lo que necesitamos es deslegitimar a la cultura mafiosa en Colombia y ser conscientes de que las mal llamadas BACRIM nos alejan de la paz, mientras nos acercan nuevamente a la realidad.

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