Respuesta a Fanny Kertzman. Te admiraba, ¡ve!

Respuesta a Fanny Kertzman. Te admiraba, ¡ve!

2 de noviembre del 2010

Carta a Fanny Kertzman desde Cali:

Con licencia de www.Kienyke.com te voy hablar desde mi Cali, mi terruño. Y lo voy hacer en este idioma provinciano, el valluno, un lenguaje hecho de voces lentas, arrastradas, de una cultura amodorrada y simple, pegada a la tierra y al azúcar, para decirte que te admiraba, ¡ve!,

Soy una paisarreta que se crió en Cali y desde este pueblo desolado por los malos gobiernos y la politiquería te escribo para hacerte un reclamo airado. Tu columna “Parábola del Inodoro” tocó las fibras más sensibles de mi alma, esa alma que compartió su infancia en el barrio Granada con una colonia fabulosa de judíos. En esas calles invadidas del olor meloso de las cadmias aprendí de ellos que la solidaridad era más importante que la plata y la sabiduría podía aguantar cualquier persecución. En Granada habitaba esa colonia de judíos luchadores, que practicaba una hermandad férrea, seguramente construida a base de compartir pesares ancestrales y que habían encontrado en Cali y en Colombia un lugar amigo, donde podían reconstruir sus sueños, sus querencias, su lengua y sus amores.

Seguramente algunos de ellos se habrán ido, como vos, a buscar otros lugares más tranquilos para vivir. Muchos tendrán ese desarraigo de pueblo judío del que hablas en tu columna. Pero yo creía que habían dejado algo aquí, en nuestras vidas y se había llevado algo de aquí en la vida de ellos.

Lo siento mucho Fanny…Cuando tus perros salieron a buscar evasores, ¡te admiraba! Cuando nos enseñaste que pagar impuestos era para el bien de todos, ¡te admiraba! Cuando nos dijiste a los colombianos que la DIAN era una entidad seria, que no se vendía ni se compraba, ¡te admiraba! Cuando te fuiste a Canadá a representarnos en una embajada, ¡te admiraba!

Pero ahora que te leo, diciendo que no volverás a Colombia, que tienes desarraigo porque aquí te pasaron cosas jartas, mi admiración se ha ido al suelo. Ya no quiero pagar impuestos. Ya no me parece la DIAN una entidad seria, ya no creo que puedan existir funcionarias profesionales. Ya no sé si mis amigos judíos me recuerdan, porque vos Fanny dejaste de querernos.

Y eso que, confieso, leí tu columna con entusiasmo, porque como ya dije, ¡te admiraba!, porque la metáfora de los baños de Congreso me pareció perfecta. A mí también me tocó sentarme en esos mismos inodoros malolientes y salir tan untada como vos. A mí también me convencieron de que si tiraba el papel higiénico usado a la taza, se tapaba el caño. A mí también me tocó intentar hacer equilibrio para orinar parada en este País lleno de olores nauseabundos, porque todas las mamás aún las “no judías”, pretendían que sus hijas no nos untáramos de nada, aunque nunca nos dieron la fórmula ¡para orinar paradas!

Cuando llegué al final de tu columna, en esos párrafos que expresas tu desencanto, cuando dices que no volverás nunca a este país, cuando dices que saliste de aquí antes de que te mataran o terminaras presa, sentí que se quebraba ese aprecio que tenía por vos. Y es que aunque Colombia no sea el mejor país del mundo, nuestra “pasión” nunca podrá ser reemplazada por la calefacción de Montreal o de Toronto. Seguramente el desarraigo te cegó y no te deja ver el verde de la sabana, ni oí el ritmo vallenato, ni disfrutar un cafecito suave. Seguramente creerás que somos un pueblo salvaje y asesino. Seguramente eso somos, pero también fuimos un pueblo que supo admirar tu labor y te extrañamos. Por eso yo te digo, ¡te admiraba!

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