Tetas, fama y periodismo

8 de septiembre del 2011

Hay muchas formas de ser famoso. Como periodistas hay quienes se han hecho famosos buscando una entrevista exclusiva con un líder guerrillero, así sea en una especie de secuestro. Otra forma es ganando prestigio desprestigiando a otros. Hay columnistas que se han hecho famosos denunciando la corrupción de un gobierno pero han sido destacados funcionarios […]

Hay muchas formas de ser famoso. Como periodistas hay quienes se han hecho famosos buscando una entrevista exclusiva con un líder guerrillero, así sea en una especie de secuestro. Otra forma es ganando prestigio desprestigiando a otros. Hay columnistas que se han hecho famosos denunciando la corrupción de un gobierno pero han sido destacados funcionarios de otro gobierno corrupto. Eso es lo que las señoras llaman doble moral. Una prestigiosa periodista, tal vez la más famosa como desprestigiadora profesional escribe contra las periodistas de la W por haber posado semidesnudas en la revista Soho. Y su argumento no puede ser más peregrino.

Dice que sin tetas si hay periodismo y que para ser famosa como periodista no se necesita empelotarse. Solo a ella, tal vez por aquello de que el que las usa las imagina, se le ocurre que a las periodistas se les cruzó por la cabeza que alcanzarían notoriedad o se volverían más populares, porque ya lo son, si se desnudaban. Aquí parece que lo que se notó fue esa primaria enfermedad femenina cuando se trata a opinar sobre sus pares, que las abuelas llaman envidia, y no de la buena, como también dicen.

Fue la nota de la periodista la que hizo que muchos fuéramos a buscar la revista donde las mujeres W salían mostrando su belleza en interiores. No fue difícil entender que a la periodista que criticó esas poses se le salió algo diferente a la objetividad, algo diferente a la crítica estética, algo diferente a la admiración por el oficio de la fotografía artística, en fin, en todo caso no le salió nada diferente a lo que se llama la cobarde envidia.

Para cualquier desprevenido, a ellas lo máximo que se les ocurrió fue que resultaría una experiencia divertida y lo normal es que lo hayan tomado con cierta recocha. Nadie cree que haya un sólo director de medio que ahora las vaya a contratar porque le parecieron bonitas o pequeñas o grandes sus tetas. Ni que ellas hayan pensado por un instante que se volverían símbolos sexuales. Y no hay quien piense que ahora se va a escuchar más las tardes W porque estas churras periodistas salieron en calzones.

Deja ver la prestigiosa desprestigiadora esa amargura que produce a algunas personas que otros hagan lo que uno no puede hacer. Y no podría porque a estas alturas terminaría por emular más bien con el desnudo de Yidis, y porque, para qué pero su cara no le ayuda. Sin embargo ella una vez posó en paños menores y por supuesto se notó en esa foto de Cambio !6 que no lo hizo para alcanzar fama, ni para ser símbolo sexual. Ella simplemente cedió a la tentación de toda mujer frente a un fotógrafo insistente.

Pero lo irónico de la vida es que ella si alcanzó cierta notoriedad por sus tetas. El entonces enigmático líder guerrillero Jaime Bateman, por allá a comienzos de la década de los ochentas, se encargó de regar por todas partes que los senos de su entrevistadora lo enloquecían. Y desde ese momento todo el mundo empezó a mirar a la periodista del cuello para abajo. Ella, que buscó una entrevista con los riesgos de un secuestro, como lo hizo Ingrid Betancur años después para ganar notoriedad, se hizo famosa por su talla 36, gracias al síndrome de Estocolmo que sufría desde antes de su reportaje y a que el comandante tenía cierta predilección por el volumen.

Y seguramente en la selva algo debió ver debajo de un arbusto cuando la gente se tiene que bañar a totumazos a la orilla de un río. Pero no por eso es una famosa periodista. Es más famosa por sus denuncias, por sus ocasionales agudas observaciones y por su capacidad de denigrar hasta el punto de casi rayar con los códigos penales. Tiene fama de opinar con los hígados, de ser emocional y algo resentida y eso se le nota mucho en sus conjeturas y en sus frases descalificadoras.

En todo caso es una mujer echada para adelante, pero a veces se va de bruces. Y nada le da derecho a inventarse las razones por las que a estas periodistas púberes les dio la gana de posar como Dios las mandó al mundo. Qué sabe nadie, como canta Rafael, lo que pensaba íntimamente cada una de ellas. Pudo ser la modelo frustrada que llevan casi todas en su interior, pudo ser que alguna tenga complejo de exhibición, pudo ser que de esa manera liberaban algo en sus mentes. Pudo ser que sencillamente les dio por pasar la tarde cediendo a los caprichos vendedores del director de la revista. Qué sabe nadie, como para acrecentar su taquilla de prestigio cabalgando en el prestigio de otras. Pero sobre todo, qué sabe nadie para meterse con el derecho individual a empelotarse.

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO