The Beatles en vivo

The Beatles en vivo

27 de agosto del 2016

Por: Manolo Bellon

En 1965 The Beatles estaban en la cúspide de su carrera. Iban dos películas que no sólo fueron éxitos en taquilla, también la crítica fue benévola en sus comentarios. Eso era muy difícil en esos tiempos con la avalancha de producciones cinematográficas con temas musicales y grandes estrellas como protagonistas. Basta con recordar la larga lista de cintas protagonizadas por Elvis Presley, que todas juntas no hacen el proverbial caldo de ojos.

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Pero las cosas con The Beatles eran bien diferentes. Cada canción, cada larga duración, cada gesto, movimiento, palabra de esos cuatro muchachos eran celebrados, analizados, desmenuzados por los medios de comunicación y atesorados millones de fans en el mundo entero.

Sus conciertos también eran otra cosa. Reuniones de fanáticos enloquecidos que gritaban desde que subían al escenario hasta que volvían a bajar. Era una muralla de sonido -ruido, si quieren- que no permitía que los mismos artistas se pudieran escuchar. Hay numerosas grabaciones caseras de paupérrima calidad que circulan por ahí pero que dan fe de las limitaciones que tenían los artistas en esos tiempos. No sonaban bien: tocando y cantando de memoria (¿tocando por instrumentos?) no podían saber que tocaba el de al lado y difícilmente lo que cantaba.

Pero a la gente no le importaba, esa histeria colectiva ahogaba cualquier posibilidad de hacer un concierto digno. El público no podía escuchar nada. Eran 30 o 35 minutos de canciones éxito del grupo, alguna arenga o comentario… y gritería. ¿Música? Ah sí, eran conciertos.

Por esa razón, no se ofreció un disco de The Beatles en vivo. Ellos, su mánager, su productor, todos estaban de acuerdo que un disco en vivo del grupo haría mucho daño a la imagen.

Eso cambió en 1977, cuando la disquera presionó para lanzar un disco en concierto, pues eran los únicos artistas famosos de la época que no tenía un disco de este tipo. Además pasaba el tiempo y la disquera necesitaba una producción para revitalizar las ventas de su catálogo. El productor, George Martin, quien ya no tenía vínculo laboral con EMI Music, protestó enérgicamente contra la propuesta.

Se jugó con la idea de lanzar una grabación hecha en recinto cerrado, por ejemplo, el Carnegie Hall de Nueva York. Esto era un complique por derechos, permisos y ese largo etcétera de temas legales y negociaciones.

Entonces, se revisaron otra vez las grabaciones hechas en el Hollywood Bowl de Los Ángeles, el 23 de agosto de 1964 y el 29 y 30 de agosto de 1965. Eran de una calidad menos que aceptable. Ya Phil Spector, productor del álbum Let It Be, en 1971 había tenido en sus manos estas grabaciones y por razones no muy claras no hizo nada con ellas. Martin finalmente sucumbió y aceptó por lo menos escuchar. Volviendo a escuchar las cintas le impresionó el nivel artístico del grupo. Sonaban bastante afinados, tocando las canciones como grupo. Pero su queja seguía siendo que esa grabación, extrañamente grabada en tres canales (lo normal en esa época era dos o cuatro), era deficiente. Un poco de presión por acá y por allá para que finalmente aceptara el encargo de producir el disco.

Consiguió el aparato para reproducir esa grabación de tres canales y transferirla a una cinta de 16 canales. Con su experiencia y conocimiento, más la ayuda del ingeniero Geoff Emerick, mejoró el sonido hasta donde la tecnología de la época permitía. Hizo magia: pegó pedazos de canciones, realizó montajes, modificó, suprimió, aumentó y corrigió las grabaciones.

El resultado es un larga duración que por fin mostraba a The Beatles en concierto de manera digna y aceptable. El disco fue celebrado por la crítica que fue generosa en sus comentarios. Además, vendió millones.

Todo este cuento para contarles que casi 40 años después, el disco reaparece en el mercado. Uno de las únicas producciones que faltaban de The Beatles estará en las tiendas de discos el 9 de septiembre, con cuatro canciones que no estaban en el disco original. Aprovechando todas las nuevas tecnologías digitales, Gilles Martin, hijo del legendario George y heredero de su legado, mejoró mucho la grabación que su CD y edición digital saldrá en la anotada fecha. El nuevo vinilo sale en noviembre. Todo con libreto adjunto de 24 páginas, fotos y demás. Ahí están canciones como Twist and Shout”, She’s A Woman, Ticket to Ride, Can’t Buy Me Love, A Hard Day’s Night, Help!,  She Loves You,  I Want To Hold Your Hand, Long Tall Sally, y otros éxitos de esos primeros años, para que escuchen, disfruten y recuerden.  

Es muy recomendable, es un disco que tiene que estar en la discoteca de beatlómanos y aficionados a los buenos discos.

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