La tierra detrás del Milagro Asiático

27 de septiembre del 2013

Con frecuencia políticos y empresarios ponen como ejemplo el exitoso modelo económico del Sudeste Asiático para explicar lo que debe hacerse en Colombia y América Latina para construir una economía sólida e industrializada. Y efectivamente es sorprendente ver como ese continente que hasta hace 40 años tenía peores índices de pobreza y crecimiento económico que Latinoamérica, es hoy una de las regiones más prósperas del mundo con un crecimiento promedio por encima del 6% (PIB) anual desde principios del 2000.

Hay todo un debate sobre las explicaciones de este logro económico: el Banco Mundial y otros organismos internacionales argumentan que obedece sobre todo a las políticas de libre mercado y estrategias de desarrollo orientadas en la exportación que adoptó esta parte del continente asiático. Pero hay una explicación que no se ha analizado mucho en la que valdría la pena hacer énfasis ya que puede explicar el éxito de este modelo económico y aportar lecciones importantes para América Latina. Se trata de las reformas agrarias que se ejecutaron en ese continente durante los años 60’s y el papel activo que jugó el Estado durante el proceso de industrialización.

Los países del sudeste asiático (Brunei, Myanmar, Camboya, Laos, Vietnam, Tailandia, Singapur, Malasia, Indonesia, Timor Oriental y Filipinas) han tenido un pasado histórico de colonización similar al latinoamericano, han pasado por varias manos antes de lograr su independencia después de la Segunda Guerra Mundial. Indonesia en 1945 fue el primer país en independizarse y empezar su proceso de industrialización, pero lo hizo como el resto de países que le siguieron, implementando previamente una reforma agraria que le permitió desarrollar su sector agrícola y financiar el proceso de industrialización posterior.

Cristóbal Kay, profesor emérito de Desarrollo Rural en el Instituto de Estudios Sociales de la Haya y autor del texto Por qué el Este Asiático sobrepasó América Latina: Reforma Agraria, Industrialización y Desarrollo ,en el que se basa este artículo, lo explica de forma más clara: “Mientras en Taiwán y Corea del Sur la reforma agraria fue el factor que desató la industrialización, en América Latina, la reforma agraria no fue considerada un prerrequisito para la industrialización. La mayoría de las reformas agrarias en América Latina ocurrieron después del proceso de industrialización.”

La implementación de las reformas agrarias en los países del Sud Este Asiático pudo llevarse a cabo con más facilidad porque los gobiernos apenas se formaban después de la Segunda Guerra Mundial y las nuevas élites no estaban tan consolidadas, permitiendo la repartición de tierras sin mayores sobrecostos. Lo anterior permitió que los gobiernos nacientes implementaran las políticas públicas y económicas necesarias para lograr el desarrollo sostenible de este modelo.

Según, Cristóbal kay, economista chileno, la diferencia fue “cuestión de tiempo”. En América Latina, por ejemplo, las reformas agrarias se trataron de hacer después de los procesos de industrialización, hecho que complicó las cosas porque las élites ya tenían control del mercado de materias primas y gozaban de una fuerte influencia política que no permitía la implementación de políticas monetarias que favorecieran un proceso de industrialización similar al asiático.

“Por qué no ponerle un impuesto al sector exportador, subsidiar las nuevas industrias y acabar con una tasa de cambio revaluada para incrementar las exportaciones? Preguntar esto es igual que responderlo: en la mayoría de los países de América Latina este camino hubiera sido políticamente imposible. El poder de los grupos relacionados con el la exportación de productos de materia prima nunca hubieran permitido tan directa intervención.” Afirmó en su momento el reconocido economista Albert Hirschman en su texto La Economía Política hacia a la sustitución de la importación en la industrialización de América Latina.

Siguiendo esta línea, uno de los aspectos más importantes que diferencia la industrialización del Sudeste Asiático, después del logro de las reformas agrarias, fue la transferencia de recursos del sector agrícola al sector industrial de forma directa. En palabras más claras, los superávits que generaba el sector agrícola eran transferidos en forma de impuestos (forma directa) a los nuevos sectores industriales con el fin de exportar los productos terminados. Ahora, ¿como se logró esto? Al respecto, el mencionado Cristóbal Kay hace un resumen en tres etapas claves:

– Primero se generó un superávit agrícola. Esto se logró devaluando la moneda local para que los dólares que entraban al país rindieran más, generando el superávit.

– Después se hacía la transferencia del superávit a la industria naciente.

– En tercer lugar, se usaba de manera productiva el superávit en las industrias nacientes con el fin de generar productos terminados que sustituyeran la importaciones.

Sin menospreciar otros argumentos y variables, se puede argumentar que algo diferente ocurrió en América Latina. Dado el fracaso en las reorganización de tierras y la avanzada industrialización, no se pudo adoptar políticas económicas que gravaran las exportaciones y en cambio hubo una revaluación de la tasa de cambio para favorecer las importaciones, nivelar el valor de la moneda local con el Dólar y poder acceder a maquinaria y equipos extranjeros que fomentaran la industrialización. Un camino diferente como se puede comparar.

Para sintetizar, la cadena causal que explica el éxito de este modelo económico sería la siguiente: Se logra una reforma agraria, se construyen instituciones sólidas que puedan implementar políticas monetarias, se juega con la tasa de cambio para generar superávit y finalmente transferir los dineros a la naciente industria para que esta empiece a exportar productos terminados que le generen más empleo, más ingresos y más desarrollo económico al país.

Entonces la próxima vez que escuchemos a ministros o empresarios poner como ejemplo el modelo económico del sudeste asiático y mostrarlo como hoja de ruta para Latinoamérica hay que tener en cuenta que su extraordinario crecimiento nace de una reforma agraria bien hecha, de la confianza depositada en el sector agrario como motor de la industrialización y base estructural de lo que hoy llaman el Milagro Asiático.

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