Todavía se puede gobernar, sin robar

20 de junio del 2011

La frase anterior fue acuñada por Gustavo Álvarez Gardeazábal en su campaña política a la Constituyente de 1991. El tiene la moral suficiente para haberla pronunciado por haber sido alcalde de Tuluá en dos ocasiones,  gobernador del Valle del Cauca y un ciudadano a quien el sistema truncó la posibilidad de llegar a la presidencia de la república.

A raíz de tantas situaciones que se presentan en Colombia, esto es un campanazo, es una alerta,  porque en el mes de octubre serán las elecciones para alcaldes en más de mil municipios, y gobernadores en los treinta y dos departamentos de nuestro país. Y el ambiente no es nada halagüeño en diferentes regiones por la presunción de corrupción galopante en algunas campañas políticas.

Los precandidatos a alcaldías y gobernaciones deben conocer la realidad económica de su territorio y así plasmar en su programa de gobierno actividades que  puedan desarrollar durante su mandato, para que el ciudadano del común pueda volver a creer en la gestión de sus dirigentes.

En la actualidad hay muchos gobernantes municipales y departamentales cuestionados por no cumplir sus promesas, o por la participación en los famosos  carruseles de contratos leoninos donde se presume el yo con yo. Con cara o sello ganan en detrimento de la calidad de vida de sus conciudadanos.

Y es que algunos, por el afán por ocupar estos importantes cargos sin tener la suficiente preparación, han acometido  situaciones que  comprometen el presupuesto de los territorios, y por ende el estancamiento económico, el desarrollo y progreso del respectivo municipio o departamento a gobernar.

La corrupción es catalogada como un acto de mayor peligrosidad que las mismas  actividades de las Bacrim o insurgentes juntos, porque a estos últimos el Estado los pude combatir a fuego, pero los corruptos se enquistan en los gobiernos municipales, departamentales y nacionales. En fin, a todos los niveles.

Los ciudadanos esperan de sus gobernantes mayor compromiso con su ciudad, que no actúen como si hubiesen nombrado a un enemigo en el cargo respectivo. Que ellos se han hecho por la comunidad, y la comunidad tiene esa esperanza de progreso para su municipio o departamento, que haya cabida para todos. Que haya alcaldes o gobernadores capaces de mostrar sus declaraciones de renta al ingresar, y capaces de mostrarlas al salir. Además,  que esto debe ser una obligación.

Hay mucha esperanza de los ciudadanos  por sus gobernantes, en ellos está concentrado todo, y cuando decimos todo, es todo. La oportunidad que en el mes de octubre, no lleguen los mismos con las mismas sino los mejores, para poder parodiar a Álvarez Gardeazabal, que en este país, “todavía se puede gobernar, sin robar”.

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