Tómatelo a pecho: el cáncer de seno en AL

17 de agosto del 2011

El evangelista Lucas, médico según la tradición, es el único que pone en boca de Jesús aquel refrán quizás muy conocido en su época: “médico, cúrate a ti mismo” (Lc 4,23). Que lo escribiera un médico intensifica el sarcasmo de la expresión, sobre todo en boca de Jesús en aquellos días del inicio de su […]

El evangelista Lucas, médico según la tradición, es el único que pone en boca de Jesús aquel refrán quizás muy conocido en su época: “médico, cúrate a ti mismo” (Lc 4,23). Que lo escribiera un médico intensifica el sarcasmo de la expresión, sobre todo en boca de Jesús en aquellos días del inicio de su vida pública y sanaciones. Hoy lo repetimos frecuentemente con diversos sentidos: si sabes tanto, arregla esto o si sabes tanto ¿cómo es que estás enfermo?  Es un lugar común que a los profesionales de la salud nos citen, a media sonrisa, esas palabras al estar enfermos.

Podemos preguntarnos: ¿cómo en verdad enfrenta la enfermedad individual una persona cuyo interés y oficio primario es luchar contra ella?  ¿Lo ve como una injusticia, o como un fracaso de su conocimiento, o lo  vive con vergüenza y depresión? ¿O todas las anteriores?  Probablemente todas las anteriores ya que quienes trabajamos en el campo de la salud tenemos fama de ser pésimos pacientes. El estar gravemente enfermo es una experiencia que se vive día a día con profundidad y se pasa por todas esas reacciones, repetidamente. Es madurador.  Y como dijo Shakespeare en el Rey Lear “la madurez lo es todo”, siendo la madurez el propósito fundamental de una vida bien vivida.

La doctora en economía de la salud, Felicia Knaul ha escrito un libro (Aguilar-Fontanar, 2009) titulado Tómatelo a pecho.  Es un libro que es al mismo tiempo narración personal, libro de autoayuda y enciclopedia de la situación del cáncer de seno particularmente en América Latina.  A la profesora Knaul se le diagnosticó un carcinoma de mama en octubre de 2007.  En los años siguientes vivió el “precipicio” del diagnóstico, como ella mismo lo llama, las dudas, las decisiones, las despedidas, los descubrimientos de esa enfermedad.  Y el regreso de ella, como titula el último capítulo del libro.

Es imposible resumir en una columna las riquezas de ese libro.  Hablando en colombiano me descrestaron las múltiples citas bibliográficas.  Es como leer una historia personal, que lo es, en estilo de riguroso artículo científico.  Si tuviera una amiga o conocida en ese “precipicio” le regalaría este libro.  Desgraciadamente ha sido imposible conseguirlo en nuestras librerías, aunque se puede pedir por Amazon, me informa la doctora Knaul.  Me lo prestaron los doctores Rodrigo Guerrero, candidato a la Alcaldía de Cali, y su hijo Ramiro (creo que voy a robarlo, lo que es virtud en un amante de los libros).

Algunos aspectos del texto me conmovieron.  En los mismos meses que la doctora Knaul vivía su enfermedad, yo sufría una enfermedad grave.  No era una neoplasia, no recibí quimioterapia, pero tuve dos o tres episodios de isquemia cerebral.  Digo dos o tres por tener una memoria confusa de ellos y las personas que han recibido tratamiento contra el cáncer sufren una condición similar que se llama cerebro de quimioterapia.  En esa situación ellas experimentan ausencias leves, olvidos, desorientaciones.  Recuerdo haber tenido que ponerme a pensar tras mi primera salida en carro de mi casa como volver a ella.  Y hace poco le preguntaba a mi esposa la dirección exacta de nuestro apartamento para pedir una pizza.  Felicia Knaul narra algunos aspectos de su enfermedad con humor, y créanme que el buen humor es necesario para enfrentar experiencias como la suya.

Otro tema difícil que la autora trata es la recuperación de la vida sexual tras el tratamiento oncológico. Podemos extender algunas de sus observaciones a cualquier pareja que vive una situación similar de tratamiento quimioterapéutico en un cónyuge.  O a cualquier pareja con una enfermedad crónica seria en uno de sus miembros.  Enfrentar la enfermedad como pareja es una gran ventaja pero no es fácil.  Del esposo de la doctora Knaul, el médico Julio Frenk reconocida autoridad en salud pública, se publican al final del libro como epílogo cuatro cartas personales de las cuales vale reproducir un fragmento: “Celebro tu presencia, la cual valoro porque sé que es mucho, mucho más que una parte de tu cuerpo.  Creo en nosotros”.

Entonces este libro tiene de todo: ciencia, poesía y hasta algunos fragmentos de teología.  Podemos preguntarnos: ¿por qué un profesional de la salud narra su vivencia de enfermo?  No es fácil hacerlo pues se abren a la lectura pública dolorosas intimidades.  Creo que lo hace para sanar, para sanar él mismo y llevar salud a otros.  Así ha vivido su enfermedad la doctora Knaul quien ha fundado una organización (“Tómatelo a pecho” es su apropiado nombre) para luchar contra el cáncer de seno en México, América Latina y los países en desarrollo.  Sería muy recomendable en Colombia activar una relación científica y social con esta organización.

Volviendo al refrán del colega Lucas: “Médico, cúrate a ti mismo”…y al prójimo añadiríamos nosotros.  No hay mejor resumen de la obra de Felicia Knaul.

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