Trabajar, trabajar y trabajar

17 de septiembre del 2013

La mayoría de los colombianos recibimos con entusiasmo la buena nueva de que Álvaro Uribe encabezará la lista única para el Senado por el Centro Democrático. Con alegría, la que nos produce ver renacer las esperanzas, podemos vislumbrar el futuro que se merecen las nuevas generaciones. Y es un alivio para toda América Latina saber […]

La mayoría de los colombianos recibimos con entusiasmo la buena nueva de que Álvaro Uribe encabezará la lista única para el Senado por el Centro Democrático. Con alegría, la que nos produce ver renacer las esperanzas, podemos vislumbrar el futuro que se merecen las nuevas generaciones. Y es un alivio para toda América Latina saber que Colombia no caerá en las garras del mal llamado socialismo del siglo XXI porque un nuevo movimiento político está tomando fuerza y colocará las cosas en su lugar.

Con interés pude ver en el programa de NTN, Zoom a la Noticia, como la periodista ecuatoriana Andrea Bernal, con una alegría no disimulada, conducía un debate alrededor de esa noticia. Uno de los invitados fue Roy Barreras, típico ejemplar de la politiquería nacional quien me hizo inmediatamente recordar El hombre mediocre. José Ingenieros dice que “el hombre mediocre entra en una lucha contra el idealismo por envidia, intenta opacar desesperadamente toda acción noble, porque sabe que su existencia depende de que el idealista nunca sea reconocido y de que no se ponga por encima de sí”. A eso se dedicó Barreras durante el programa y con hipocresía se refirió a Álvaro Uribe queriendo minimizar a quien es considerado por muchos como el personaje más importante de la historia del país, ya que pronto “lo acompañará” en el Congreso.

Otro de los invitados fue el precandidato Óscar Iván Zuluaga. Con la claridad al hablar que lo caracteriza y con un talante que lo mantiene alejado de pugnas innecesarias, dio una rápida lección de lo que significa que un personaje de la talla de Álvaro Uribe llegue, junto a muchos de sus seguidores, al Senado de la República “con una propuesta seria y estructurada que recoja los problemas del país trazando un nuevo rumbo con certeza en la política de seguridad, con una paz estable para la sociedad colombiana, con oportunidades de educación para los jóvenes, con empleo, con una política para el sector agrícola de fondo, con una política industrial, con un Estado cercano a los ciudadanos”. Y explicó que el mejor espacio para lograrlo es desde el Congreso. Cuando se le preguntó sobre la inmunidad respondió con contundencia: “A Uribe no le preocupa nada porque no tiene nada que esconder”.

Esto comienza a confirmar lo que pronostiqué hace unos meses al dialogar con un americano asesor en política internacional: lo que está ocurriendo en Colombia será motivo de estudio en el mundo entero. Un movimiento como el Centro Democrático que se establecerá en poco tiempo como el partido más importante en Colombia de esta primera mitad del siglo, tiene unas características que lo hacen ejemplar en el ejercicio de la política como resistencia a lo que está ocurriendo en muchos países del mundo con democracias debilitadas debido a gobiernos mediocres surgidos del interior de partidos políticos corruptos y decadentes, haciendo a esos países vulnerables al terrorismo, al narcotráfico, a la delincuencia internacional, a las mafias, a las corporaciones y a empresarios llenos de egoísmo y de mezquindad, como le está ocurriendo a Colombia.

Cerca de cincuenta Talleres Democráticos realizados durante los últimos meses en todos los rincones del país y especialmente en los lugares más conflictivos, con la participación de la comunidad -quienes asisten a ellos pueden expresar sus ideas para buscar soluciones a tantos graves problemas que no hacen sino empeorar-, dan muestra de la capacidad de trabajo y de compromiso de Álvaro Uribe y los precandidatos por el Centro Democrático a la presidencia. A partir de ese ejercicio ha surgido una lista al senado que muy pronto conoceremos, con una clara propuesta política que llevará a un grupo muy selecto de colombianos a constituir un Congreso de debates, un Congreso de proyectos, un Congreso de leyes, un Congreso representativo al que los ciudadanos podrán acudir con sus inquietudes y que estará atento a las necesidades adelantándose a los sucesos sin esperar a que las cosas sean inmanejables.

Con esta noticia podemos dirigir nuestra ruta y planear el inmenso trabajo que significará reconstruir el país que como una casa atacada por las termitas da la apariencia de estabilidad cuando sus paredes están carcomidas. A todos los colombianos interesados en esta empresa nos tocará seguir el ejemplo de Álvaro Uribe: trabajar, trabajar y trabajar.

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