Tremenda goleada

30 de mayo del 2018

Opinión de Carlos Salas Silva.

Carlos Salas Silva Duque

A Iván Duque se le conocen sus dotes para el fútbol, nos tiene acostumbrados a sus demostraciones con el balón cuando la ocasión lo permite. Ahora resultó ser el capitán de un equipo ganador. Los resultados del primer tiempo anuncian una tremenda goleada a su contrincante.

¿Será necesario apabullar con muchos goles al candidato del castrochavismo, de Santos y de las FARC o con ganarle el partido por uno o dos será suficiente? Lo que lleva a un equipo a golear a su contendor, cuando podría simplemente tomárselo con calma y conformarse con una victoria que ya da por alcanzada, no es la vanidad y el orgullo sino la preocupación de llegar a caer en el error en que cayó la veloz liebre al recostarse a descansar segura de su triunfo frente a la lenta tortuga. El espíritu ganador no se permite ningún reposo y sabe como tener el aliento necesario para llegar a la meta con una considerable y merecida ventaja.

Las consecuencias de un triunfo sobre la izquierda radical sentaría un precedente histórico en este rincón del mundo luego de veinte años en el poder destruyendo el camino recorrido hacía el progreso en el siglo XX, sembrando a su paso miseria a partir de la corrupción y el pésimo manejo del estado. Un triunfo contundente de Iván Duque sería la voz que llene de esperanza a los pueblos que todavía están secuestrados por regímenes despóticos surgidos del Foro de Sao Paulo que se resisten a caer a pesar del clamor y la sangre de quienes lo padecen.

Para nuestros hermanos venezolanos, bolivianos y nicaragüenses que están atentos a los resultados de las elecciones en Colombia, la contundencia con la que ganemos les significará una razón para continuar su lucha y no desfallecer hasta que caigan Maduro, Evo y Ortega. Para nosotros, los colombianos de bien, será la manera clara con la que decimos NO a todas las arbitrariedades cometidas por Santos, arropado en una falsa la paz, con las que pretendía entregar el país a sus peores enemigos.

Los resultados positivos de la primera vuelta y los serios indicios de que hemos madurado políticamente comprendiendo que el voto es la mejor opción para determinar el destino del país, nos ha traído un segundo aliento con el que las fatigas se disipan y nuevas energías aparecen en cada uno de nosotros para continuar hasta el final la lucha. Este segundo aliento será el motor para que tengamos un contundente triunfo que no solo nos llenará de orgullo y le dará un mandato claro a Iván Duque sino que también significará la derrota del comunismo que ha acechado al país con mayor virulencia en estos años de desgobierno.

Cuando un equipo de fútbol inicia un segundo tiempo con un marcador de dos o tres a cero a su favor, llega a la cancha con el deseo imperioso de anotar el mayor número de goles posibles. Y cuando un equipo se convierte en ganador su hinchada se multiplica. Aquellos que mostraban poco interés se comienzan a entusiasmar motivados por el deseo profundo de estar con los ganadores. Cuando Colombia en un campeonato gana un partido tras otro son muchos más los que se unen soñando estar en el festejo de un próximo partido ganado.

Decía William James que “la barrera más inamovible de la naturaleza es la que hay entre el pensamiento de un hombre y el de otro”, así que propongo para este segundo tiempo que no nos desgastemos tratando de convencer a los seguidores de Fajardo, Vargas o De la Calle, ellos sabrán si irse con uno u otro de los candidatos, votar en blanco o abstenerse. Pongamos nuestra atención en uno que otro de los millones de colombianos que no asistieron a las urnas a depositar su voto el 27 de mayo, Habrá muchos de ellos que querrán unirse al equipo ganador para hacer parte de la clara mayoría que llevará a la presidencia a Iván Duque con Marta Lucia Ramírez como vicepresidente.

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