Tres falacias

27 de febrero del 2018

Opinión de Miguel Gómez Martínez.

Tres falacias

“Falacia es un argumento falso pero aparentemente verdadero para inducir a error o engaño” dice el diccionario de la lengua. En política pululan las falacias pues forman parte del lenguaje del hombre público donde se mezclan elementos de verdad y falsedades en un imbricado código de comunicación.

En estos momentos de campaña conviene detectar estas falacias que son compartidas por muchos y que forman parte de las mentiras que aceptamos como si fuesen verdades.

La primera de ellas es que se puede vivir sin política. Existen muchas buenas personas que se enorgullecen de no tener relación con la política. Se sienten superiores porque han logrado excluir de sus vidas la dimensión política. Viven muy satisfechos de sus realizaciones en el mundo privado y se precian de no tener vínculos con la política. La verdad es que estos “apolíticos” no son conscientes que la política determina su vida y que el hecho de que ellos crean que no es así es porque piensan que se puede estar al margen de ella si se vive en sociedad. Sólo un ermitaño podría tal vez invocar su total independencia de la política.

La segunda falacia es que se puede hacer política sin partidos políticos. Casi todos los candidatos a la presidencia se inscribieron por firmas, buscando aislarse de los partidos. Es cierto que estas organizaciones están en crisis por su falta de coherencia ideológica y por la corrupción en el proceso de entrega de avales. Pero los partidos son necesarios para agrupar las expectativas de la población. En las grandes democracias existen partidos importantes que permiten canalizar las demandas sociales. Sin esa labor, la atomización de los requerimientos de la ciudadanía hace ineficaz la ejecución de las políticas públicas.

La última falacia es que el populismo no anida en Colombia. Esta es una de las más peligrosas porque presupone que somos una democracia madura con ciudadanos responsables. Nada es menos cierto. Que no hayamos explorado el camino del populismo es porque nuestras instituciones han estado amenazadas por el terrorismo guerrillero. A medida que este peligro disminuye, el espacio para figuras mesiánicas con ideas demagógicas aumenta. Los colombianos también queremos creer que se puede obtener todo gratuito y que el Estado es capaz de garantizar todo a todos. Este peligro aumenta a medida que crece el escepticismo de la población con la política y los partidos.

Falacias políticas existen porque el ciudadano no participa en política ni asume su papel como responsable de los asuntos públicos.

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