Tres mujeres, tres estilos…tres socialismos

16 de diciembre del 2013

“Se completa el trío de mujeres cabeza de Estado en los países importantes del cono sur.”

Se cierra el año con la buena noticia de la elección de Michele Bachelet como presidenta de Chile y se completa con ella el trío de mujeres cabeza de Estado en los países mas importantes del cono sur, junto con Dilma Rouseoff en Brasil y Cristina Fernández en Argentina.

Todas ellas, mujeres con carácter y liderazgo, eso nadie lo puede negar, pero muy distintas en su estilo de gobernar y tal vez por eso, con resultados sobre sus países diametralmente diferentes.

Dilma y Cristina heredaron el poder de hombres fuertes, líderes de indudable figuración tanto en el ámbito nacional como en ese concierto de naciones que levantaron las banderas del socialismo del siglo XXI. Sin Nestor Kischner y sin Lula da Silva no habrían surgido como alternativas de poder Dilma o Cristina. Mientras que la Bachellet, a pesar de tener también un antecesor de su misma corriente, labra su propio camino, pues el presidente Lagos la impulsa pero no la impone y ahora que regresa a la presidencia lo hace desde la oposición y no desde el gobierno, como si lo han hecho las otras dos gobernantes, amparadas por la aplanadora de la maquinaria gubernamental.

En Brasil, los dos periodos de Lula, marcaron un quiebre político que consolidó al PT como partido mayoritario, logrando imponer una sucesora que ha gobernado en medio de altibajos y escándalos de corrupción en las filas de su propio partido. Dilma es dura, casi inflexible, pero no autónoma. Aun con esa recia personalidad no ha logrado apartarse de la sombra protectora de Lula, tanto que inclusive se ha rumorado que podría necesitarlo como su fórmula vicepresidencial para asegurar su reelección.

El socialismo brasileño construido por Lula y Dilma difiere mucho del venezolano, por ejemplo. Allá no hay expropiaciones, ni lucha de clases, ni persecución a la empresa privada. Tanto Dilma como Lula han basado su política social en disminuir la pobreza y el hambre pero manteniendo una economía abierta a los grandes capitales y empresas de toda procedencia. Con dos eventos de la importancia del mundial de fútbol y los juegos olímpicos, Brasil tendrá garantizado ingresos gigantescos por comercio y turismo y eso le dará una muy buena opción al PT de seguir en el poder por otros cuatro años bien sea con el carismático Lula o la antipática Dilma.

En Argentina las cosas no van tan bien. El estilo melodramático de Cristina difiere del recio de Dilma. La Fernández parece más una cantante de cuplé que una gobernante moderna. A veces llora, sin abandonar nunca el luto por su ausente marido, y otras veces regaña o hace pataletas de niña mimada. Su popularidad sube y baja, pero en todo caso una segunda reelección no se ve tan fácil como fue la primera después de la muerte de Kischner, en especial por la situación económica de Argentina que dista mucho de la prosperidad brasilera.

Y en ese panorama entra la Bachelet para orgullo de nosotras las mujeres, tranquilidad de las gentes de Chile y fortalecimiento del verdadero socialismo. Michelle hizo un primer gobierno con los pantalones bien puestos, pero sin las estridencias de Cristina y sin los escándalos de corrupción de sus vecinas. Chile, con ella, consolidó el pluralismo y la libertad, tanto que no tuvo inconveniente en entregar el poder a la oposición de derecha, en esa necesaria y saludable rotación que solo se da en las verdaderas democracias. Mientras en Argentina y Brasil, Cristina y Dilma se aferran desesperadamente a la continuidad de unos mandatos caudillistas, en Chile el espacio para la oposición se respeta y se garantiza.

Enhorabuena vuelve a la presidencia Michelle Bachelet, una mujer seria, pero carismática, firme pero respetuosa, inteligente y preparada pero que no gobierna como tecnócrata sino como estadista. En fin, una mujer que tiene mucho que enseñarle a esas otras dos que dan tanto lugar a la crítica, si es que ellas tuvieran la humildad de aprender algo.

Michelle Bachelet será, junto con Pepe Mujica de Uruguay, una verdadera interprete del nuevo socialismo, muy distante de las locuras de Maduro y Chávez, de las arengas destempladas de Evo, de los arrebatos totalitarios de Correa, pero sobre todo muy distinto de los gobiernos de Dilma y Cristina en los que ha imperado el personalísimo y la arrogancia.

La Bachelet será, como ya lo fue en su primer mandato, una gobernante eficiente y efectiva, de la que nos sentiremos orgullosas las mujeres latinoamericanas, porque además en su paso por la diplomacia internacional a la cabeza de ONU-Mujeres demostró como se puede y se tiene que hacer política publica desde una mirada feminista.

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