Tres voces de Toribío

22 de julio del 2012

Estas son historias reales que me encontré hace unos días en Toribío. Son puntos de vista de una misma situación en un mismo pueblito atravesado por cuatro calles y cuatro carreras. Son tres vidas atravesadas por la violencia. Ana (28 años) Nació en Toribío, hija de padres indígenas, es madre de dos niños, uno de […]

Estas son historias reales que me encontré hace unos días en Toribío. Son puntos de vista de una misma situación en un mismo pueblito atravesado por cuatro calles y cuatro carreras. Son tres vidas atravesadas por la violencia.

Ana (28 años)

Nació en Toribío, hija de padres indígenas, es madre de dos niños, uno de 8 y otro de 7 años de edad.

“Yo quiero mucho a Toribío porque es mi tierra, la tierra de mis ancestros, es un territorio sagrado. Mi hijo de 7 años perdió su ojito izquierdo por las esquirlas de una granada que lanzaron en un ataque de la guerrilla. No sabemos si la granada la lanzó la guerrilla o el Ejército, solo que mi hijo perdió la vista y me duele cada mañana cuando lo tengo que ver así.

»No me quiero ir de Toribío, no me quiero desplazar, aunque ya varios familiares lo han hecho. ¿Qué va uno a hacer a Bogotá? ¿Qué va uno a hacer a Cali? Aquí al menos uno tiene su cultura y su tierra, allá los indígenas no somos nadie, no nos respetan.

»Me duele cuando dicen que los indígenas somos de la guerrilla, porque por culpa de la guerrilla mi hijo perdió su vista. Yo no soy guerrillera, mi familia no es guerrillera. Hay otros compañeros que se dejaron llevar por ese camino, pero es que ellos les ofrecen plata.

Camilo (23 años)

Nació en Bogotá, es patrullero de la Policía y hace apenas un mes llegó al puesto de Policía en Toribío.

“Esto es el infierno. Aquí uno no puede confiar en nadie porque no se sabe qué le puedan hacer. Hace dos semanas nos disparaban desde esa casa (señala dos cuadras hacia arriba), pero nosotros no podemos subir hasta allá. Nos matan.

»Cuando me trasladaron acá me asignaron con otros cinco compañeros, pero tres pidieron la baja porque saben que esto es caliente. Mire, nosotros no podemos salir de esta cuadra, si nos movemos hacia el parque o vamos a una tienda nos joden. La guerrilla ya tiene francotiradores en los cerros vecinos, uno no duerme tranquilo.

»Sí, hay indígenas buenos, pero también hay unos muy malos. Mire que me toca cargar hasta con una medalla de la Virgen y unas sales para que no me hagan brujería. Esos tiraflechas no nos quieren aquí y lo maldicen a uno.

»Este es uno de los peores puestos de Policía en Colombia, solo espero terminar aquí y pedir traslado a Ibagué o a Bogotá.”

Gabriel (54 años)

Nació en Toribío, pero no tiene raíces indígenas. Sus padres llegaron de Antioquia y montaron un negocio que él administra.

“Aquí uno no puede hablar con nadie. Los indígenas son los que mandan, ellos solo piensan en ellos y si uno habla mal de ellos lleva. Lo mismo pasa con ‘los de arriba’, si uno habla mal también se lo llevan a uno. Si uno va a opinar algo, aquí toca hablar pasito, porque cualquiera lo vende a uno.

»Tengo mi negocio y no me va mal, pero es muy difícil que las cosas mejoren en este pueblo. La Policía no sirve, ellos solo se cuidan a ellos, no lo cuidan a uno. Desde que pusieron más policías ‘los de arriba’ empezaron a joder más y ya no sabe uno donde esconderse cuando empiezan a disparar y a lanzar tatucos.

» Aquí no hay autoridad. Los indígenas quieren hacer lo que se les da la gana, con eso de la autonomía, y la plata la tienen los que andan en lo del narcotráfico. Asómese en la carretera, esto está lleno de matas de coca y marihuana.”

»No me quiero ir. Soy de acá y acá me quiero morir, pero ojalá algún día llegue el gobierno y nos ayude a tener paz.

Los tres personajes me pidieron que cambiara sus nombres. Los tres tienen miedo. En Toribío la gente tiene temor de hablar.

Post-It: No entiendo cómo van a volver a poner en televisión la telenovela María la del barrio. ¿Esas son las nuevas apuestas del Canal RCN?

@colombiascopio

juanpablocalvas@gmail.com

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