Tu piel intacta, nuestra conciencia en paz

30 de septiembre del 2019

Por: Katherine Miranda.

Tu piel intacta, nuestra conciencia en paz

Aunque la ley para proteger la vida e integridad de nuestros niños y niñas por el uso indiscriminado de la pólvora ya cumplió su mayoría de edad, no ha tenido un efecto real: se trata de la ley 670 de 2001.

La tímida aplicación de la ley se revela en que el número de personas quemadas no disminuye, en promedio, son 800 lesionados con pólvora y productos pirotécnicos, más de la mitad de ello son niños, niñas y adolescentes; son menores que deberán llevar la marca de la pólvora por el resto de sus días.

Es imperativo que la normatividad actual de la pólvora y la pirotécnica sea modificada, es evidente que ha fracasado, si no intervenimos seguiremos lamentando las lesiones en la piel cada temporada festiva.

Hacia el cambio cultural

Como sociedad, hay que admitir que hemos sido muy condescendiente con las tradiciones culturales, los gremios polvoreros y las fabricas hechizas de pólvora. Es cierto que parte de nuestra idiosincracia ha llevado a muchos a pasar un final de año acompañado de las luces de la pólvora, sin embargo, en esta euforia más de 13.316 habitantes de Colombia se han lesionado en los últimos 12 años.

Sin embargo las cicatrices de la pólvora nos han preparado para insistir en uno de los cambios culturales más importantes en la vida de todos: el 16 de septiembre pasado, 117 representantes a la Cámara votaron a favor del proyecto de ley que regula la pólvora en Colombia. Un proyecto de ley que nació con la experiencia del senador Mockus, siendo Alcalde Mayor de Bogotá, cuando prohibió el uso de la pólvora en la capital del país.

El proyecto de ley busca garantizar los derechos fundamentales a la vida, la integridad física, la salud y la recreación de todos los habitantes en especial los niños y niñas en el territorio nacional mediante la reglamentación y regulación del uso, la fabricación, la manipulación, el transporte, el almacenamiento, la comercialización, la compra, la venta y el expendio de pólvora y productos pirotécnicos en el territorio nacional.

Lo que ha sucedido con este proyecto de ley en el Congreso es un gran indicador de la preocupación de los congresistas por frenar el dolor de las familias que pasan de la fiesta a la tragedia en un instante cuando suceden las lesiones con pólvora. En los dos debates que ha tenido esta iniciativa legislativa, la votación favorable ha sido unánime.

Construir sobre lo construido

La modificación de la ley 670 tiene una larga historia en el Congreso de la República, congresistas como Gina Parody y Dilian Francisca Toro lo intentaron, sin embargo, en más de diez oportunidades se archivó el proyecto de ley.

¿Tal vez priorizaron los intereses de los polvoreros, sobre la piel, la integridad física y la vida de los colombianos?

Recién asumimos como congresistas, junto con el senador Antanas Mockus, radicamos este proyecto de ley porque creemos en el proceso pedagógico que disminuyó de 200 quemados a 50 cada año durante su primer mandato en Bogotá.

Un nuevo impulso

Los conceptos favorables de expertos y entidades revitalizan la propuesta de regular la pólvora en Colombia. El ICBF, el Instituto Nacional de Salud y el Ministerio de Salud exhortan a la reglamentación y exponen que, la salida más sencilla para disminuir el número de lesionados tan dramático cada año es la transición hacia la reglamentación a partir de la pedagogía y cultura ciudadana en torno al uso de la pólvora y material pirotécnico.

Finalmente comparto el mensaje de María Patricia de Reyes directora de la Unidad de Quemados del Hospital Simón Bolívar:

“Solamente quienes vemos y notamos la magnitud que significa una quemadura y tenemos que convivir con el desastre que significa ver la evolución de una quemadura podemos hablar con conocimiento de causa y decir que esto no se trata de un porcentaje. No podemos quitar el agua caliente, no podemos quitar el gas, no podemos erradicar los incendios, la pólvora es un elemento que no es indispensable para nada, nadie necesita la pólvora ni quemar la pólvora para ser feliz. Mi posición siempre, como directora de la Unidad de Quemados del hospital Simón Bolívar y como testigo presencial de la tragedia que significa quemarse, es que este tema sea algo de que se puede negociar en el sentido que, cuando la persona es adulta lo puede utilizar, si los adultos fueran expertos y aptos para utilizar la pólvora no tuviéramos en estos momentos el alto número de adultos quemados por pólvora entre 2014 y 2018”.

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