¿Un acto de paz?

25 de septiembre del 2018

Por Samuel Hoyos.

Samuel Hoyos

La semana pasada, las Farc rindió homenaje a Jorge Briceño, alias “Mono Jojoy”, quien en vida no sólo fuera comandante del Bloque Oriental y miembro del Secretariado de las Farc, sino uno de los guerrilleros más violentos y radicales.

Briceño fue abatido en la operación Sodoma hace ocho años en La Uribe, Meta y a su muerte, contaba con un prontuario criminal de 62 órdenes de captura, 12 medidas de aseguramiento, cinco condenas y dos peticiones de extradición por delitos de narcotráfico, terrorismo, rebelión, homicidio, reclutamiento de menores y secuestro.

El “homenaje” realizado al líder guerrillero y que contó con la presencia de varios simpatizantes de la naciente agrupación política, mostró que las Farc teniendo la oportunidad real de construir una verdadera paz, a través de una participación activa en el Congreso, la rendición de cuentas ante la Jurisdicción Especial para la Paz, el rechazo a los actos criminales de sus disidencias, revelando las rutas de narcotráfico utilizadas para su financiación o expulsando definitivamente a los miembros que están incumpliendo los acuerdos, prefirieron burlarse de los colombianos al homenajear la “vida, entrega y dedicación de Jorge Briceño a la causa de la agrupación guerrillera”, como lo señaló el senador Carlos Lozada del partido de Farc.

Si bien las Farc hoy en día son una organización política libre de realizar cualquier acto de proselitismo político, el homenaje a Jorge Briceño demuestra no sólo una desconexión con el pueblo colombiano a quien aún le duelen los 50 años de violencia, sino una evidente ausencia de arrepentimiento por los hechos cometidos durante medio siglo de conflicto.

A su vez, los “políticamente correctos” señalan que este homenaje es el precio que como sociedad debemos pagar para evitar que aparezcan otros criminales como él, sin embargo, es justamente la ausencia de este rechazo a los actos de violencia o criminalidad, los que han creado en Colombia una cultura no sólo del dinero fácil, sino que ha fortalecido el deleznable “todo vale”. Por lo que rechazar con vehemencia el homenaje de la semana pasada, no es una ausencia de tolerancia, por el contrario, es un acto en el que como sociedad manifestamos nuestra convicción sobre los pilares en los que debemos erigirnos como país, el respeto y la unión en medio de la diferencia.

De manera que, rechazar la violencia y oponerse a la apología de una vida criminal, no es oponerse a la paz o a la participación política de esta agrupación. Sin embargo, como sociedad estamos en el deber de recordarles que una cosa es perdonar más de cincuenta años injustificados de violencia irracional y otra muy distinta tolerar la exaltación a una vida criminal, más aún cuando ni siquiera han acudido a la JEP a contar la “verdad”.

@SamuelHoyosM

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