Un café… y Juan Gossaín

Un café… y Juan Gossaín

12 de marzo del 2018

Fue Umpire. “¿Si no jugaba allí donde mas lo haría?” Hincha del Junior, “La querida de los barranquilleros”, aunque se alejó de los estadios. En el piso 26, en Cartagena, donde habita, divisa el mar que lo inspira. De Tv nada, hace años. Se levanta a las cuatro de la mañana a escribir y se acuesta a las nueve a dormir como un bebe. Da los últimos toques a su próximo libro, una antología de sus columnas de opinión, recogidas por sus editores, que será presentada en la próxima feria internacional en Bogotá. Aunque esta invitado no asistirá porque la altura no es su aliada.

El Juan Gossaín de siempre. Sin nostalgia del vértigo periodístico. Sosegado lo practica, con sus esporádicas crónicas o sus reportajes críticos, que publica El Tiempo, los que tantas veces elabora mar adentro, en su embarcación de 20 metros de eslora, su otro hogar.

Recuerda con fruición tantos episodios de la vida Nacional, como aquel día en agosto del 1998 cuando, comiendo en Barranquilla con sus colaboradores, en la antesala del partido Colombia Ecuador (2-0), recibió la trágica noticia de la muerte de Luis Carlos Galán. O cuando entrevistó en México a García Márquez, después del nobel, dispuesto a regresar tras su exilio a buscar la habladera del litoral.

Critico del periodismo actual el que perdió moldes y moral. Hoy se informa por gustos, compromisos, sin objetividad, dice. “El mejor patrimonio de un periodista, la credibilidad”. Relee clásicos porque “ A mi edad es lo ideal”. Su ejercicio  intelectual lo matiza con sesiones físicas, en largas caminatas vespertinas por su “corralito de piedra”, con tertulias que comparte con amigos que llegan del interior, o vecinos que forman parte de su circulo personal, las que tienen la vitalidad de siempre. Dicta conferencias con placer.

Dos horas y media estuve con Juan. El mismo que se atormenta con la turbulencia de la corrupción. Aquel artesano informador que nunca por capricho fue en contravía de la verdad; el de la rectitud y el rigor. No cambió. Proverbial es su palabra. Inmensos como el mar sus conocimientos. De elefante su memoria. Crítico argumentado del sistema actual. Un cafecito viendo atracar barcos, con  la brisa marina en el rostro, refrescante, en jornada llena de recuerdos, de amigos en la memoria, de episodios periodísticos, de Junior, del Beisbol, de tenis…Como si el tiempo se hubiera detenido. !Que placer!

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