Un gobierno austero

29 de agosto del 2018

Por Diego Molano.

Un gobierno austero

El Presidente Duque ha iniciado su gobierno estableciendo un mandato claro a sus ministros: Austeridad en el uso de los recursos públicos. Esto quiere decir: Reducción en gastos en carros, esquemas de seguridad, viajes y viáticos, entre otros. Cuando el Jefe del Estado da ejemplo, los niveles de gobierno deben comprometerse y garantizar el uso racional de todos los recursos públicos.

Un gobierno austero entiende que los recursos que ejecuta provienen de millones de ciudadanos que pagan sus impuestos y que esperan sean usados racionalmente, beneficiando a los más vulnerables, sin malversaciones, ni corrupción.

A veces tanto los medios de comunicación, como los funcionarios públicos pierden la dimensión y perspectiva de las sumas de dinero e inversiones que hace el gobierno; se hablan de cifras astronómicas; miles de millones, de billones de pesos pero no se comprende su magnitud e importancia. Son cifras a veces incompresibles para una inmensa mayoría de ciudadanos.

Cuándo no se debe ser austero

Los gobiernos nacionales y locales, en especial las ciudades no pueden ser austeros con sus gastos de inversión misional, en especial los programas que benefician directamente a los ciudadanos. Debe buscarse siempre llegar con más cobertura con calidad y dignidad a la población. Si es para los más pobres, los programas deberían tener coberturas universales, es decir llegar a todas las familias que los requieren o necesitan.

No se puede ser austero en los recursos dedicados al servicio y atención al ciudadano. Por ejemplo, que las instalaciones sean dignas, limpias y con ambientes agradables, debe ser la regla y no la excepción. También deben garantizarse todos los recursos dedicados a facilitar la vida de los ciudadanos, sin tantos trámites y largas filas.

Me parece indignante cuando en los baños de las entidades públicas no hay papel higiénico o jabón. Es como si los funcionarios públicos y los ciudadanos no tuvieran derecho a baños limpios. Ahí no están los ahorros, las cifras de este tipo de acciones son nimias.

No se puede ser austero en los recursos para pagar salarios adecuados y justos a los funcionarios públicos, lo mismo que invertir en su permanente capacitación, especial la de aquellos que están en la calle, en contacto con la comunidad, los que exponen su vida o asumen riesgos más allá de lo normal. Eliminar la burocracia que no sirve y no contribuye a la misión de las entidades debe ser una máxima.

En que se debe ser austero con los recursos públicos

Esta semana se dio un gran debate a los recursos utilizados por entidades distritales en arrendamientos en centros de negocios sofisticados. Siempre pareciera haber un dilema para los directivos de las entidades que necesitan cambiar sus instalaciones; arrendar o comprar nuevos inmuebles. En este rubro sí que se deben tener exigencias de austeridad. Un ciudadano nunca entendería que se gasten miles de millones en arriendos o comprando edificios sofisticados. Mientras ellos no tengan para el arriendo o tengan limitaciones toda su vida para pagar su propia casa, esas cifras de arriendo astronómicas son inconcebibles.

En este caso, lo mejor es que las entidades públicas construyan sus sedes. De hecho la construcción de centros administrativos se convierte en eje de desarrollo económico y social de ciertas zonas. Los edificios públicos movilizan a la sociedad.

Se debe ser extremadamente austero con la publicidad. El gobierno Santos desbordó con pauta todos los medios de comunicación masiva, con propaganda contando todo lo que estaban haciendo. Las entidades públicas se enfocan en promover con publicidad sus logros y obras. Es un error. La publicidad no compra legitimidad. Si los resultados y obras no son reales o se generan sobre expectativas de los resultados de un gobierno, se genera rechazo y desprecio por los ciudadanos. La publicidad no compra corazones, estos se ganan más bien con mucho dialogo comunitario.

A veces los entes de control se enfocan en controlar los gastos de funcionamiento, sin embargo donde más ahorros y austeridad se pueden lograr es en los gastos de inversión. Las entidades reciben un presupuesto con base en los históricos y nunca se cuestionan si estos rubros son los que necesitan o hay en el mercado opciones más baratas.

Solo se reclama que incrementen el presupuesto, aunque sea lo de la inflación dicen. Por eso nunca se cuestionan si realmente lo necesitan. ¿No se podría hacer más con menos?

La mejor medida de austeridad es la conciencia de todos los funcionarios para cuidar los recursos públicos. Como en ocasiones las entidades tienen presupuestos billonarios, sus propios funcionarios piensan que “500 millones no son nada”. Ahí comienza la debacle y las destorcidas en gastos. Se pierda el orden de magnitud. Una familia pobre jamás podrá acceder a esos 500 millones. Cientos de ciudadanos con ese monto podrían pagar los mercados para toda su vida.

Un gobierno austero se gana su legitimidad y gobernabilidad porque actúa con coherencia y conciencia. Son los directivos de las entidades públicas los que deben dar ejemplo de austeridad.

Diego Molano
Concejal de Bogotá

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