Un jerarca de la Iglesia ante la guerra de los monosílabos

24 de julio del 2016

Monseñor Monsalve no se clasifica entre la izquierda y la derecha.

Reconocido en los medios eclesiásticos como el jerarca que no suele tragar entero, el arzobispo de Cali, monseñor Darío Monsalve Mejía, plantea que la Iglesia Católica no desarrollará campaña alguna que apunte a la refrendación de los acuerdos finales entre el Gobierno y las Farc, pero advierte claramente que el clero promoverá entre los fieles más acciones de construcción de paz. El prelado manifiesta claramente que la cruzada no implica el problema del sí o del no.

Para desencanto de los opositores, monseñor Monsalve apunta que “los colombianos votarán el Sí a la paz, porque –en su sentir– “el NO es el producto de un discernimiento muy a fondo, ya que el sí a la desmovilización y al desarme de las guerrillas, es lo natural, es lo lógico”.
Y agrega la necesidad que tienen los acuerdos de La Habana para cesar las acciones violentas por parte de los grupos guerrilleros que han afectado por más de 60 años a los ciudadanos del país.

Recién posesionado como rector de la Arquidiócesis de Cali, nosotros exponíamos en estas páginas algunos desacuerdos del pastor alrededor de la marcha del proceso habanero.

Preguntábamos y respondíamos ¿quién es, cómo se llama y de dónde salió el único de los setenta obispos colombianos que le habla duro al gobierno y no suele contemporizar con las demás instituciones del país?

El arzobispo expresaba su inconformidad con la política que el Estado aplicaba para manejar el conflicto armado.

La primera vez que se puso en plan contestatario fue justamente cuando el máximo comandante de las Farc, Alfonso Cano, fue abatido por el Ejército Nacional en las montañas del Cauca: el prelado –que no carga agua en la boca– sorprendió a los colombianos con una carta abierta en la que se preguntaba ¿por qué no lo capturaron vivo?

Pero para que no se piense que está del lado de los malos, reclama, de igual manera, a la guerrilla por los crímenes que comete, a pesar de declarar que pretende proteger al pueblo, y a sus sacerdotes les pide fidelidad y responsabilidad en su ministerio y respeto a sus feligreses.
El jefe de la cristiandad caleña criticó unas vallas instaladas por militares en puntos estratégicos de La Sultana del Valle instando a la juventud a engrosar sus filas “por tratarse de la mejor y más grande empresa de Colombia”.

Los reclutadores castrenses le reviraron al religioso, pero él se mantuvo en sus reparos por encontrarlos “francamente desmotivadores para los muchachos que aspiran a buscar un futuro mejor, lejos de los escenarios de la guerra y de la violencia”.

Pocos colombianos saben que monseñor Monsalve proviene de una humilde familia campesina del municipio de Valparaiso (muy cercano a la frontera de Antioquia y Caldas) y que pasó de humilde “garitero” en la vereda La Miel a arzobispo de una de las principales ciudades del país.

El episodio lo relató el columnista Luis Fernando Múnera López, en el número 44 de la revista “Mirador del Suroeste”, de reciente aparición en el suroeste cafetero paisa: “En un ambiente familiar vino al mundo el futuro arzobispo Darío de Jesús Monsalve Mejía, el 15 de marzo de 1948. Como sus siete hermanos, cursó los dos primeros años de primaria en la escuela rural de la vereda. Completó la primaria en la escuela de Valparaíso; para ello recorría diariamente a pie los cinco kilómetros hasta el pueblo”.

Múnera explica así lo del “garitero”: ”Darío ayudaba a su familia en las labores del campo. Su función era la de garitero: se encargaba de llevarles a su padre y a los demás trabajadores el almuerzo a la roza (el cultivo del maíz)”.

El dignatario eclesiástico evoca ese capítulo de su adolescencia: “Con frecuencia me pedían que les hiciera el sancocho directamente en el sitio porque les gustaba mucho, y según me decían ellos, yo tenía muy buena sazón”.

Antes de recalar en la principal diócesis vallecaucana, el prelado ocupó diferentes cargos eclesiásticos en Jericó, Cartago, Betania, la Acción Católica, la Conferencia Episcopal, fue Obispo Auxiliar de Medellín y de Málaga, Santander y Arzobispo coadjutor de Cali con derecho a sucesión.

La apostilla: Monseñor Monsalve no se clasifica entre la izquierda y la derecha; se considera un pastor de la Iglesia que trata de llevar el sentido de lo cristiano y el evangelio a los temas de la violencia y la guerrilla. No es, pues, ningún Camilo Torres Restrepo, ni Manuel Pérez Martínez ni nada que se le parezca. Su único fusil es el verbo del Señor y nada más.

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