Un partido a la deriva

21 de septiembre del 2012

El partido de la U está en crisis. Es la mayor fuerza política del país y perdió su rumbo en medio del oportunismo de algunos y la falta de carácter de otros. Hace dos años, el candidato del partido obtuvo la más alta votación que un colombiano haya registrado en la historia. Eligió la mayor […]

El partido de la U está en crisis. Es la mayor fuerza política del país y perdió su rumbo en medio del oportunismo de algunos y la falta de carácter de otros. Hace dos años, el candidato del partido obtuvo la más alta votación que un colombiano haya registrado en la historia. Eligió la mayor cantidad de senadores y representantes. Hace un año aumentó su participación en los concejos, asambleas y alcaldías. Todo parecía indicar que esta fuerza política marcaría el paso de la política nacional. Pero hoy el panorama es muy distinto.

Sin presidente, con una directiva dividida, aislado por el gobierno y sin posturas que lo singularicen ante la opinión, la U es un movimiento político a la deriva. No tiene ministros que lo encarnen, no tiene cargos de alta responsabilidad donde pueda brillar, no es tenido en cuenta a la hora de fijar la agenda legislativa y no tiene el coraje de exigir el respeto que se le debe a la primera fuerza política del país. Preocupados sólo por sus intereses locales, los de la U se han convertido en expertos tragadores de sapos. Ven cómo los liberales son consentidos y atendidos por un gobierno siempre presto a abrirles oportunidades mediáticas y cuotas de poder. Constatan cómo Cambio Radical recibe el oxígeno permanente que el Ministro de Vivienda les provee. Deben incluso aceptar que los menguados conservadores tengan más capacidad de exigir al gobierno que los tenga en cuenta. Hasta los verdes, con su ínfima bancada, son más influyentes que los de la U.

Todo ello porque algunos no han entendido que una cosa es ser partido DE gobierno y otra muy diferente es ser partido DEL gobierno. Una cosa es formar parte de la coalición y otra muy distinta es enajenar su personalidad. Una cosa es estar a favor de la paz otra muy distinta estar dispuestos a sacrificar la justicia y los derechos de la víctimas para firmar un papel y tomarse una foto. Una cosa es apoyar al gobierno y otra bien diferente es tolerar la ineficiencia del Estado en temas tan graves como la salud, la educación, el manejo del invierno y ahora del verano o el deterioro de la seguridad en campo. Por ser un partido con un claro mandato electoral, la U debería estar en primera línea exigiéndole al gobierno que gobierne y que defienda las ideas que llevaron a millones de colombianos a brindarnos su confianza. Pero en la hoguera de vanidades que se ha convertido la colectividad, en lugar de pelear por nuestra agenda se lucha a codazos para quedar más cerca en la foto del poder y más lejos del pueblo que nos eligió.

Los de la U son los únicos que no han entendido que para que a uno lo respeten hay primero que hacerse respetar. No captan que el diseño político del gobierno pasa por la reunificación del Partido Liberal y que el mayor perjudicado de ese proceso es la U. Algunos no esconden el afán que tienen de abandonar el barco y subirse a la lancha del liberalismo. No se dan cuenta que llegarán de colados a la fiesta que ofrecerán los rojos en dos años y donde los ex -U serán siempre vistos como convidados de última hora.

La U debería asumir la bandera de los millones de colombianos de clase media y popular que creen en la seguridad, que están inconformes con la ineficiencia del gobierno, que aspiran a una lucha frontal contra la corrupción y que piden justicia.

representante@miguelgomezmartinez.com

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