Un POT para el futuro

18 de octubre del 2019

Por: Roger Carrillo.

Un POT para el futuro

El Plan de Ordenamiento Territorial (POT) es un instrumento técnico y normativo para ordenar el territorio municipal o distrital. La Ley 388 de 1997 lo define como el conjunto de objetivos, directrices, políticas, estrategias, metas, programas, actuaciones y normas, destinadas a orientar y administrar el desarrollo físico del territorio y la utilización del suelo. El POT se constituye en una carta de navegación para ordenar el suelo urbano y rural que consolide un modelo de ciudad a largo plazo y para ello diseña una serie de instrumentos y mecanismos que contribuyen a su desarrollo.

El reto actual para el Concejo de Bogotá es de alta responsabilidad; es definir la ciudad de los próximos 12 años, en dónde y cómo se construirá las viviendas para más de 1 millón de nuevos habitantes, por cuáles vías nos moveremos, qué tipo de transporte utilizaremos, cómo serán las relaciones de la ciudad con la Sabana y los municipios vecinos, qué futuro les espera a nuestros cerros orientales y al río Bogotá, cómo proyectar esta ciudad, consultando a la vez nuestras realidades e idiosincrasia, las tendencias y necesidades de las ciudades modernas, cómo conseguirlo lejos de los intereses políticos y de los particulares. Cómo nos explicamos que Bogotá puede llevar 8 años sin la fundamental herramienta del POT.

Un tema que preocupa, y que ha sido referenciado en las visitas a comerciantes y empresarios, es el tema de la seguridad jurídica para promover y fortalecer la inversión en Bogotá, que no está garantizada, y que en muchos casos es inequitativa, especialmente en lo referente a los usos del suelo, que pueden variar inexplicablemente en una misma cuadra.

FENALCO Bogotá, señaló que el proyecto de POT en la capital, busca revivir las ya eliminadas “licencias” de funcionamiento y exige una serie de requisitos que no tienen nada que ver con el uso del suelo, como niveles de ruido o requerimientos sanitarios.  De igual manera pondría al comerciante a tramitar documentos como la “licencia de construcción” para acreditar el uso del suelo. Esto resulta a todas luces perjudicial para miles de establecimientos que se verían sometidos a cierres y sanciones por la imposibilidad práctica de cumplir con esa exigencia.

Así mismo, ACOPI advirtió a través de un comunicado; que la manufactura bogotana se vería desplazada por el modelo económico de las Estrategia de Especialización Inteligente que privilegia actividades que no generan empleo y valor agregado al mismo nivel que la manufactura, así como por el desincentivo que causa el apoyo únicamente a la economía naranja.

En esta materia, concuerdan los documentos entregados, que por el cambio de usos de suelo que traerían las Renovaciones Urbanas como el caso de la Alameda Entre Parques, así como las nuevas troncales de Transmilenio, entre otras, se vería amenazada la permanencia de las zonas industriales que existen en Bogotá desde hace décadas, y que generan una gran cantidad de empleos en la ciudad.

En temas de hábitat, no se vislumbra un instrumento fuerte de planificación y gestión del suelo ante el continuo crecimiento del fenómeno de urbanización y densificación ilegal de la ciudad. Se debe mantener en la lupa, los Planes parciales de Desarrollo; para que contribuyan no solo a la generación de vivienda sino también a la generación de entornos urbanos sostenibles y de calidad en las periferias de la ciudad. Los nuevos entornos urbanos son mono-funcionales en vivienda, las manzanas son muy grandes y desestimulan la circulación peatonal.

En Movilidad, aún falta mucho para garantizar que los proyectos de vivienda cuenten con una buena infraestructura y equipamiento en movilidad. Es importante considerar el número de personas que se localizarán en los proyectos urbanos del borde de la ciudad (ejemplo: lagos de Torca, Ciudad Río, Ciudad lagos del Tunjuelo), pues las distancias frente a su lugar de trabajo y los tiempos de desplazamiento serán mayores.

Priorizar el transporte activo, aquel que requiere esfuerzo físico (caminar, bicicleta, patineta) y este se logra, sí y solo sí, se garantiza la infraestructura adecuada para su funcionamiento como con las ciclorutas y alamedas. Este proceso, sumado al uso del transporte público y el mejoramiento del mismo con la primera línea del Metro y las nuevas rutas de Transmilenio por la Boyacá y por la Av. 68; son medidas recomendadas que permitirán a las ciudades reducir factores como la congestión, la contaminación y la accidentalidad.

En medio ambiente; es importante garantizar un ordenamiento alrededor de la preservación, ampliación y recuperación de ecosistemas críticos para la calidad de vida de la ciudad, como los humedales y rondas de ríos y quebradas. Debemos seguir trabajando fuertemente en la recuperación de nuestro Rio Bogotá. Considerar como un elemento estratégico integrado a la Estructura Ecológica Principal –EEP- la reserva Thomas Van der Hammen, en el borde norte de la ciudad para garantizar su restauración, preservación y manejo efectivo, y que sirva como instrumento para evitar la conurbación.

No se puede olvidar la necesidad de generar instrumentos y estrategias, que permitan mantener e incrementar las coberturas de áreas verdes por habitante a los estándares internacionales recomendados como factor de bienestar humano e impulsar prácticas sostenibles asociadas a la construcción, tales como la reutilización del agua, la implementación de techos verdes, el uso de ecomateriales, los desarrollos bioclimáticos, los sistemas urbanos de drenaje sostenibles, entre otros.

En cuanto a la seguridad ciudadana, es prioritario facilitar la mezcla de usos, para favorecer la instalación de equipamientos de seguridad ciudadana, defensa y justicia y en ese sentido desarrollar clúster de equipamientos por upz que permitan combinar diferentes infraestructuras con el fin de acercar los servicios urbanos a los bogotanos.

Es muy importante, definir lineamientos, criterios y elementos de diseño urbano innovadores en temas de iluminación, visibilidad, mobiliario urbano, entre otros, con el fin de mejorar la percepción de seguridad en el espacio público, que genere apropiación del territorio.

Si bien este  proyecto de POT,  le apunta a consolidar un modelo de ordenamiento orientado a la región comprendiendo las “escalas existentes en la cadena de valor del abastecimiento y sus relacionamientos con las necesidades de la estructura social y económica” garantizando la seguridad alimentaria de la capital enfrentando tres retos: abastecimiento, logística y prácticas agroecológicas; aún falta Integrar en el POT la escala de las Economías Campesinas de la Ciudad a la Gerencia para la Planeación y el Desarrollo Rural del Distrito, a fin de consolidar sus vínculos para la región, en términos de su oferta ambiental, turística y alimentaria.

Son muchos los temas que tendremos que revisar desde el Cabildo Distrital, esperemos que los tiempos se den, para lograr concertar por primera vez, un POT que sea el producto del debate en el Concejo Distrital y no promulgado por decreto; acorde con las necesidades, dejando los sesgos y los egos de lado, con el fin de construir una ciudad que garantice el desarrollo, la equidad y seguridad.

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