Un proceso de paz incluyente

17 de septiembre del 2012

Con los vientos de reconciliación que soplan y la ilusión floreciente por la inminente negociación entre el Gobierno y la guerrilla de las Farc, poco o nada se habla de la desmovilización de las Autodefensas. No se trata de un acontecimiento de poca monta: el número de desmovilizados de ese grupo difícilmente será superado por […]

Con los vientos de reconciliación que soplan y la ilusión floreciente por la inminente negociación entre el Gobierno y la guerrilla de las Farc, poco o nada se habla de la desmovilización de las Autodefensas. No se trata de un acontecimiento de poca monta: el número de desmovilizados de ese grupo difícilmente será superado por todos los de la guerrilla juntos. La desmovilización de las autodefensas, de cierta manera, guste o no, allanó el camino para los actuales diálogos con las Farc, teniendo en cuenta que durante los fallidos acercamientos del Caguán quedó en evidencia que era esa precisamente una de las grandes preocupaciones del grupo subversivo. Difícilmente se habría llegado a este punto con la guerrilla si la maquinaria paramilitar estuviese operando. Por orgullo, convicción, táctica o lo que fuera las Farc, necesitaban a toda costa sacar del teatro de la guerra a las Autodefensas.

Es innegable: la entrega de las armas por parte de las Autodefensas, y, de paso, todo el beneficio que trajo para la institucionalidad del país el sometimiento a la justicia de sus poderosos líderes, se le debe a la templanza de Uribe y a la voluntad de paz de los miembros de esa organización. Hay que señalar, de igual forma, que la responsabilidad por el desastroso manejo posterior de dicha desmovilización recae sobre los hombros del expresidente: la Fuerza Pública no ocupó las zonas controladas por los paramilitares y los reinsertados quedaron abandonados a su suerte. Se repite la misma historia una y otra vez: por cuenta de la ausencia de Estado, volvió a germinar el cáncer de la violencia, con métodos más barbaros y terribles, en cabeza de las bacrim, que hoy día son el verdadero factor de desestabilización en Colombia.

La fuente primigenia de todas las formas de violencia es la exclusión, luego es absurdo plantear un proceso de paz en el que la mayoría de los actores armados ilegales y factores generadores de inestabilidad para la democracia, cualquiera que sea su origen, están por fuera de la mesa. Es absolutamente necesario convocar al diálogo al ELN a las bacrim, a los Combos y a todos aquellos grupos que delinquen y desangran al país. Por otra parte, resultaría supremamente injusto desconocer con artilugios jurídicos e interpretaciones sesgadas la favorabilidad penal que forzosamente generará este proceso con las Farc para los desmovilizados de las Autodefensas y los agentes del Estado que se concertaron con ellos. No puede haber en un Estado de Derecho criterios diferentes en cada caso para aplicar la ley o dejar de aplicarla, pues, al final de cuentas todos tenemos las mismas obligaciones y derechos.

El proceso con las Autodefensas sufrió toda suerte de ataques. Los más fuertes vinieron de la prensa. En medio de las conversaciones, se publicaron noticias que pudieron dar al traste con las negociaciones. La ética periodística implica no solo la obligación de contar la verdad, sino también el compromiso de la autorregulación de la información cuando hay intereses superiores que pueden verse afectados con las “chivas” y los titulares. Espero que esta vez no suceda lo mismo. Si nos ponemos a recabar en las atrocidades cometidas por la guerrilla durante los últimos sesenta años, nunca se curarán nuestras heridas y será imposible perdonar.

La ñapa I: La estrategia está lista: el Gobierno apoya a Ordoñez, este sanciona a Petro y Gina Parody lo remplaza por lo que resta del periodo. ¡La política es un asco!

La ñapa II: ¡Qué tranquilidad saber que se le acabó la payasada al inefable Pachito Santos!

La ñapa III: Ya era hora de que el Fiscal General botara de la Dirección de Fiscalías de Córdoba al siniestro Mario Anaya.

La ñapa IV: Solo hay una cosa más terrible que el calvario que sufrió la periodista Jineth Bedoya: la decisión de la Fiscalía de declarar ese crimen como de lesa humanidad. ¡Absurdo!

abdelaespriella@lawyersenterprise.com

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