Un pueblo mediocre

4 de noviembre del 2015

“El asunto es que quien rige los destinos de nuestra patria es un mediocre”.

¿Será que estamos condenados a ser un pueblo mediocre mientras sigamos siendo gobernados por un mediocre? Me lo pregunto después de leer el implacable artículo que Fernando Londoño le dedica a ‘Juanpa’, es decir a Juan Manuel Santos, quien por castigo divino, porque no encuentro una explicación sensata a esta calamidad, es el presidente de todos los colombianos sin excepción.

El calificativo de mediocre, queda claro en dicho artículo, le cala perfectamente a Juan Manuel Santos. Pero Londoño va más lejos y se califica a sí mismo y a usted y a mi y a todos los dirigidos por ese señor mediocre como mediocres: “Don José Ingenieros saltó a la fama, donde se instaló cómodamente al publicar su libro ‘El Hombre Mediocre’. No le alcanzó el tiempo para convertir esa biografía de tantos en la historia del pueblo mediocre. Y eso somos, porque el que debiera ser nuestro líder, el de las grandes empresas, las grandes hazañas, las grandes ambiciones, es el más opaco, gris e impenitente de los mediocres”.

Un momento, ¡cómo así que por tener de presidente “al más opaco de los mediocres” y no a un “líder de grandes hazañas”, nos convierta en un pueblo mediocre!

Esto me ha dejado muy pensativo porque resulta que, si esto fuera cierto, a quienes veía hasta ahora con respeto pasarían a ser degradados en mis apreciaciones por hacer parte de un pueblo mediocre. Querría decir que mis admirados compatriotas dejarían de ser las excelentes personas que fueron hasta el día de hoy, cuando me entero de que la existencia de un hombre mediocre en particular convierte a todo un pueblo en mediocre.

¿Qué hacer ante esto? Y dejo para otra ocasión la más espinosa pregunta: ¿Qué podemos hacer ante la terrible situación a la que hemos llegado al permitir ser dirigidos por un mediocre entre mediocres, excelente solo en su mediocridad?

Esto me lleva a preguntarme: ¿Qué haría si mi jefe fuera un mediocre?

Tal vez lo más indicado sería buscar otro empleo para cambiar de jefe, porque soñar con que un mediocre deje de serlo es casi una quimera.

¿Qué haría si fuese un mediocre el director del colegio de mis hijos?

Los cambiaría de colegio. No habría otra opción porque pretender que cambien al director sería una empresa inútil.

¿Y si se trata del director de un programa radial? Con un simple movimiento de la mano cambiaría de emisora.

En el caso que se tratase del director de mi partido político pediría su renuncia. Pero, y para ir más lejos, ¿si mi padre fuese un hombre mediocre -que no lo es de ninguna manera, valga la aclaración- qué podría hacer?

En ese caso hipotético me impondría el deber de superarlo ya que no podría pedirle la renuncia al ‘cargo’.

Pero el asunto es que quien rige los destinos de nuestra patria es un mediocre, “el más gris e impenitente de los mediocres”. Si estuviésemos en un Estado democrático podríamos castigarlo en las urnas o pedirle al Congreso que lo destituya.

Lo grave en Colombia es que mantenemos como presidente a un mediocre debido a que no contamos con una verdadera democracia y esto, aunque nos excusa ante nosotros mismos y ante el mundo, no nos exime de ser un pueblo mediocre.

Para terminar, otras preguntas que me asaltan:

¿Somos culpable de ser ahora un pueblo mediocre por culpa de un tipo que lo fue ayer, lo es hoy y lo será mañana? ¿Soy mediocre por ser gobernado por un mediocre al que no respeto ni quiero como presidente? ¿Puedo desentenderme de mantener a un mediocre como Presidente de la Republica y mirar para otro lado con el argumento de que es un presidente ilegitimo mientras tolero que siga siendo ‘mi’ presidente?

La única respuesta que encuentro es la siguiente:

Mientras tengamos al mediocre Juan Manuel Santos como presidente, seremos un pueblo mediocre.

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