Una cosa es una cosa

20 de julio del 2012

Lo que sucede en el Cauca es de una gravedad suma. En esta región se concentran todas las fallas de las instituciones nacionales y por ello la región se está saliendo de control. En el Cauca la politiquería y la corrupción han sido fuertes. Se suma la ausencia de un sector privado dinámico lo que […]

Lo que sucede en el Cauca es de una gravedad suma. En esta región se concentran todas las fallas de las instituciones nacionales y por ello la región se está saliendo de control.

En el Cauca la politiquería y la corrupción han sido fuertes. Se suma la ausencia de un sector privado dinámico lo que fortalece el poder de las clientelas locales que ofrecen el Estado como botín electoral. El Cauca es una zona que no cuenta con el poderío agrícola del Valle del Cauca y, como el resto del Pacífico, no tiene una vocación marítima. Estratégicamente situado entre las zonas productoras de droga del Caquetá y el océano, es un corredor fundamental para los narcotraficantes y las Farc que utilizan la región para abastecer de armamento sus frentes del sur y el oriente.

Y está el tema indígena. Es una de las regiones en las que la densidad de población prehispánicas es más importante. Es innegable que tienen una cultura y unas tradiciones que deben ser respetadas y protegidas. La diversidad es una riqueza en este país de un profundo mestizaje. Pero Colombia es un Estado unitario y las leyes deberían cumplirse para todos de la misma forma, cuando protegen pero también cuando castigan. Por eso el desafío de algunos autodenominados líderes de las comunidades indígenas forzando el retiro de las fuerzas militares de la región es la señal de la gravedad de la crisis institucional. Los resguardos están reservados para las comunidades pero no están por fuera del territorio nacional ni del marco constitucional. No hay ni puede haber territorios vedados para el Ejército y la Policía. Aceptar este desafío a la soberanía es peligroso para la unidad y no debe ser permitido por el Gobierno nacional, ni por el departamental ni mucho menos por el local.

Una cosa es la prudencia y otra la debilidad. El Gobierno nacional parece confundir las dos cosas. Temeroso de asumir malos titulares en los medios nacionales e internacionales, amedrentado por las ONG políticamente sesgadas y neutralizado por la desmoralización del Ejército, el Gobierno parece desbordado por los acontecimientos. Baltasar Garzón se le adelanta y le fija la agenda de negociaciones, el gobernador del Cauca se hace el de la vista gorda, el ministro de Defensa se limita a dar declaraciones sin dimensionar lo que está sucediendo. Y en la distancia, las Farc nuevamente nos miden el aceite y los narcotraficantes se solazan con el poderío de sus redes locales.

No confundamos las cosas. Colombia es un Estado plural pero unitario. Los indígenas tienen derecho a su cultura pero deben respetar la Constitución y las leyes. El ejército no necesita permiso para recorrer ningún centímetro del territorio nacional. El Gobierno no tiene que irse por las ramas ni mostrar su confusión pues las Farc y los narcotraficantes son los únicos ganadores de este incidente. Los colombianos no debemos seguir jugando con nuestras instituciones ni creando escenarios que luego no controlamos.

Bastantes problemas tiene esta sociedad para que sigamos alimentando el desorden promovido por terroristas y narcotraficantes.

representante@miguelgomezmartinez.com

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