Una dosis mínima. De realismo

22 de septiembre del 2018

Por Ignacio Arizmendi Posada.

Una dosis mínima. De realismo

Entre la herencia que los ocho años de Santos dejaron al país y al nuevo gobierno figura, con letras de sangre, llanto y rabia, el de las drogas alucinógenas. Así lo han evidenciado distintos medios, tres de los cuales consulté para elaborar estas notas (El Tiempo y El Espectador de septiembre 9, y Semana del 2, 6, 8 y 11 de septiembre de 2018).

Comencemos por el incremento de hectáreas de coca sembrada. En junio de este año, el entonces ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, anunció que Colombia había llegado a las 180.000 hectáreas, pero la Casa Blanca reveló que el total alcanzaba 209.000 hectáreas, con tendencia a llegar, según expertos, a las 300 mil.

El país arribó a este punto por varios motivos: porque la Corte Constitucional prohibió la aspersión aérea con glifosato; porque parte de ese crecimiento se ha dado en los parques nacionales, donde las leyes ambientales impiden fumigar o hacer programas de sustitución; porque en los territorios étnicos se requiere hacer una consulta previa con las comunidades para realizar programas de erradicación; porque una vez se anunció el punto 4 del Acuerdo Santos-Timo, muchos campesinos empezaron a sembrar coca para recibir subsidios del Estado por erradicar sus cultivos; porque las bandas del crimen organizado, los disidentes de las Farc y los carteles mexicanos coparon y capitalizaron los espacios del posconflicto.

De manera simultánea, el uso de sustancias ilegales en niños y adolescentes va en aumento. Más de 500.000 estudiantes de colegio, entre los 12 y los 18 años, han consumido drogas por lo menos una vez. ¡Una barbaridad! La edad promedio de los niños al contactar el mundo de las drogas ha disminuido a los 10 años de edad. ¡Otra barbaridad! Por eso no debe extrañarnos que, según Planeación Nacional, en 2015, Colombia tenía 1.400.000 consumidores de drogas ilícitas, y que la DEA estime que para finales de 2018 la cifra estará alrededor de los 2.200.000. ¡Puf!

¡Atérrense! Sólo en los últimos cinco años se han detectado 32 nuevas sustancias psicoactivas, aunque la marihuana, la cocaína, el bazuco y el éxtasis son las que más se consumen de acuerdo con los datos oficiales. Un “logro” que en buena parte se debe a los jíbaros, quienes acechan a los menores de edad cerca de los colegios para regalarles dulces simples y galletas con droga con el fin de convertirlos en clientes. Saben que “hay mucha evidencia que demuestra que cuanto más temprano se dé el consumo de drogas, más aumenta la posibilidad de desarrollar patrones de dependencia”, según uno de los textos del Gobierno. Incluso hay bandas que matriculan a los jíbaros en colegios y universidades para vender la mercancía.

Así, pues, la comercialización se ve estimulada gracias a las ganas crecientes de los nuevos consumidores, las altas rentas que deja el microtráfico, la sobreproducción y las dificultades para sacar la droga del país. Además, la célebre sentencia C-221, la de Carlos Gaviria, que Héctor Abad Faciolince llama “un gran paso en el reconocimiento de la libertad y la responsabilidad personal”, indica que consumir droga no es un delito y que cualquier adulto puede hacerlo. Además despenaliza el consumo de marihuana o cocaína y el porte de la dosis personal, por la cual nadie puede ser multado o encarcelado.

Todo ello ayuda a que los carteles del microtráfico muevan la bicoca de más de 10 billones de pesos al año. Telón de fondo que la revista Semana toma al recoger la intervención de la conocida profesora y politóloga Sandra Borda en el programa Hora 20, en el que dijo que era una “consumidora recreativa”. Dicha publicación le preguntó qué opinaba del argumento según el cual consumir es apoyar las mafias del narcotráfico, pero, por razones explicables, lo que respondió nada tenía que ver con la pregunta…

Ante tales herencias del gobierno Santos, el gobierno Duque ha pensado en una iniciativa que permitiría a la Policía decomisar y destruir cualquier tipo y cantidad de droga que porte una persona. Pero, ¡oh Sandras y Sandros!, la intención encendió la polémica entre quienes creen que se trata de un simple “populismo punitivo” que afecta las libertades personales conquistadas. “¿Vuelve el oscurantismo irracional?”, se pregunta El Espectador, que condena el uso de la represión, “táctica –dice– que ha fracasado en los 47 años que el mundo lleva enfrascado en la ilógica y fallida ‘guerra contra las drogas’”, en relación con la cual añade que “en nombre de ‘los niños’ nos estamos llevando de frente los derechos individuales” (¿no será al contrario, que en nombre de los derechos individuales nos estamos llevando de frente a los niños?).

Además, los críticos de las intenciones gubernamentales pronostican que subirán los arrestos, crecerá el precio de la droga para mayor utilidad de los traficantes, los consumidores pobres serán los más afectados porque compran su droga en las calles mientras que los pudientes logran que se las lleven a sus casas, se aumentará la corrupción y la violación de los derechos ciudadanos al empoderar a la Policía, y la medida sería inconstitucional.

No faltaron miradas con “olor y sabor” a solución: que se prohíba el consumo de marihuana o cocaína en estancos, bares, restaurantes, calles, playas y plazas; que se siga el ejemplo de Uruguay, donde los consumidores mayores ya no tienen que acudir a redes criminales porque pueden apelar al autocultivo o a una oferta legal de cannabis recreativa en farmacias autorizadas. O que se imite a Portugal, que despenalizó el consumo de drogas hace 15 años y logró reducir la tasa de consumidores de heroína en casi un 75 por ciento. Todo, dicen todos, será efectivo “si se invierte en educación y prevención”…

INFLEXIÓN. Lo único que me queda claro de este resumen es que, mientras lo escribía, pensaba en Iván, uno de mis mejores amigos en la niñez y la adolescencia, brillante y bueno, que en aquellos lejanos años empezó “con un puchito” y años después terminó su vida hecho una piltrafa, rodeado de toda clase de alucinógenos “recreativos”…

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