Urge cambiar ordenamiento jurídico de las regiones

Urge cambiar ordenamiento jurídico de las regiones

1 de marzo del 2016

Constituye reto interesante incursionar en el oficio de opinar semanalmente sobre diversos temas que, de una u otra manera, tengan que ver con la cotidianeidad de nuestro país, un territorio sui generis en donde nunca se sabe lo que va a pasar, quizá por eso es tan interesante y propicio para divagar en terrenos desconocidos y a veces inimaginables. Agradezco a quienes me invitan a esta nueva hazaña.

Siempre me he preguntado ¿por qué Colombia, un país que sufre de hipertrofia normativa, no resuelve ni sus problemas coyunturales ni los más sencillos?

Precisamente porque la solución no está allí, no es en las normas ni en la manida costumbre de creer que todo se soluciona con la ley o un cambio constitucional en donde encontraremos la salida al laberinto que nos rodea.

Hegel planteaba que para resolver un problema hay que construir una ideología, quizá podríamos interpretarlo diciendo que las coyunturas deben dar origen a debates sobre lo sustancial y trascendente; si queremos resolverlas es necesario hacer un ejercicio serio que tenga la capacidad de superar lo cotidiano. Diría que en Colombia existen tres inconvenientes básicos que merecen estudio serio: el excesivo centralismo, el cambio de nuestro sistema electoral y el presidencialismo propio de los países de Latino América.

Por razones metodológicas me ocupare solo del primero de ellos: recordemos que el siglo XIX transcurrió entre dos disyuntivas importantes, si queríamos un estado laico o confesional y si era más conveniente un estado centralista o federalista. La primera discusión ha sido zanjada y la Corte Constitucional, a través de sentencias como las del  matrimonio igualitario, la dosis personal, la eutanasia o el aborto, ha trazado una línea jurisprudencial que nos permite pensar que de todas formas nuestro país no es del todo confesional.

La segunda cuestión se quedó en ese siglo, hoy nadie plantea si quiere este estado centralista o si por el contrario es necesario poner en funcionamiento una nueva forma de ordenamiento territorial que potencie las expresiones locales, que reconozca que Colombia es un estado diverso y bastante disímil, cargado de otredades y con un sin número de necesidades que es imposible resolver desde Bogotá,  existe otra Colombia de provincia que reclama verdadera autonomía y que no acepta el manido cuento que ella es imposible porque hay corrupción en sus administraciones, si eso fuera cierto desaparecería el Estado colombiano porque este es un cáncer que corroe también las estructuras del estado central, basta recordar el reciente episodio de Ecopetrol para entender que la calentura no está en las sabanas, más bien debería afinarse la  forma de elección de quienes dirigen los entes de control para que ejercieran adecuada y eficiente fiscalización que hiciera posible la identificación de los funcionarios corruptos. La autonomía de los entes territoriales es inherente a la democracia y ella es la expresión más pura de  tolerancia.

Seguramente, y es lo que esperamos muchos colombianos, se firmaran los acuerdos de paz de La Habana y tendremos un período de pos conflicto; como inteligentemente lo ha señalado el Presidente Santos las regiones serán importantes, pero si continuamos en el mismo esquema jurídico  ellas no podrán cumplir con la misión que se les encomiende. Desde 1886 estamos haciendo lo mismo, tratando de solucionar las afujías de las regiones y no ha sido posible, ¿ por qué no intentar otros caminos ? Como lo dijera Einstein: Si buscas resultados distintos no hagas siempre lo mismo.

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