El tema Uribe vs. Chávez en relación con la Corte Penal Internacional

28 de julio del 2012

Hace un  tiempo leí en algún lugar que las garroteras entre los entonces presidentes Chávez y Uribe podían parar en la Corte Penal Internacional de Justicia localizada en La Haya.  No sé cuanto lector eventual de a pie o en bicicleta, como yo, tiene claro el mapa de esta institución y la diferencia con la […]

Hace un  tiempo leí en algún lugar que las garroteras entre los entonces presidentes Chávez y Uribe podían parar en la Corte Penal Internacional de Justicia localizada en La Haya.  No sé cuanto lector eventual de a pie o en bicicleta, como yo, tiene claro el mapa de esta institución y la diferencia con la Corte Internacional de Justicia, también situada en La Haya.

Confieso que en mi caso, fuera de tener a La Haya a media hora en bicicleta, vehículo imprescindible para los que vivimos en Holanda, no me es clara en forma inmediata la diferencia entre las dos instituciones.

La Corte Internacional de Justicia, fundada en 1920 con el nombre de Corte Permanente de Justicia Internacional, está dedicada a dirimir problemas entre países, incluyendo límites territoriales. Trata todos aquellos asuntos que los gobiernos no han podido resolver y le presentan, reconociendo su imparcialidad y apego a la ley internacional, además se comprometen a acatar sus decisiones.

Hasta ahí es claro. La sede es un precioso edificio, el Palacio de la Paz, enclavado cerca del centro de esta capital diplomática y de gobierno de los Países Bajos.  Como simple cuña: Holanda, aun con el tamaño de Cundinamarca, maneja demasiados hilos en el mundo, ya sea comerciales, como diplomáticos y sociales, que explican la vitalidad de “este pequeño gran país”.

La Corte Penal Internacional, tema Chávez-Uribe en su momento, (ICC: International Criminal Court o CPI: Corte Penal Internacional) fue creada hace diez años. Está localizada también en La Haya y dedicada a tratar situaciones de índole criminal que los países firmantes no pueden o no quieren manejar desde el país en cuestión o que le presenta directamente el Consejo de Seguridad de la ONU. La Corte Penal es un último recurso  para tratar genocidios, crímenes de guerra y de lesa humanidad.

La Haya es considerada la “capital del derecho internacional” porque también en ella se ubican el Tribunal Criminal Internacional para la ex-Yugoeslavia, el Tribunal Especial para Sierra Leona, el Tribunal Especial para el Líbano y otras.

¿Estamos claros hasta aquí? Muy bien.

La Corte Penal tiene diez años, pero hasta el momento solo ha concluido un caso, relacionado con la República Democrática del Congo en la cabeza del señor Thomas  Lubanga Dyilo, pero hay otros en camino. Los procesos son largos y burocráticos. No es simplemente que si el vecino no te gustó, las cosas se le ponen graves.

Esta Corte no remplaza los sistemas de justicia criminal de cada país, sino que juzga solo aquellos casos que las estructuras nacionales no pueden o no quieren llevar, como ya dije antes.

Una vez iniciados los procesos o la búsqueda del culpable no hay fronteras entre los países  firmantes. Esto implica que al acusado se le puede volver la vida “cuadritos”, o sea la caza comienza en cualquier país y sus movimientos van a ser seguidos  por Interpol o sus similares.

El tema me acosó mentalmente pues se habla con facilidad de instituciones que no son claras para todo el mundo.  Vivimos en mundo donde lo local es lo que existe, lo “verdadero”  aparece en la parte mediática y de ahí para adelante no hay nada.

Hace poco leí en esta misma revista un artículo de alguien que, con buen juicio, mencionaba el tema de ser “ombligo del mundo” o algo así, es decir la enfermedad del localismo.–Alita, el mejor sitio para vivir en el mundo es Bogotá –le comenta un amigo a otro–.  Oiga Pedro –dirigiéndose al mesero– tráigame otro whisky, eso si con bastante hielo–.Así las cosas cualquier situación es celestial.

Los americanos, a todas estas, crearon generaciones donde todo lo gringo era lo que existía, el resto era pura niebla. Para el americano, el fenómeno de abstracción de esa época era una forma de pensar sin opciones: la aerolínea más grande, gringa; el automóvil más grande, gringo; el cereal más bueno, gringo; la hamburguesa más sabrosa, gringa; las mejores películas, gringas, etc. Todo este fenómeno de abstracción,  o sea que solo existía USA, se fue desvaneciendo con el tiempo, y las nuevas generaciones, afortunadamente, entienden que hay algo más allá de Estados Unidos.

¿Y porqué el colombiano no puede ir más allá? ¿La información mediática es el mundo real?  La basura mental no tiene límites y ser conscientes de ello ayuda.

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