¿Uribismo extremo?

10 de junio del 2019

Opinión de Carlos Salas

Ser o no ser uribista Opinión de Carlos Salas

En su reciente artículo, deshilvanado y un tanto incoherente, María Isabel Rueda acusa de “uribismo extremo” a quienes elegimos, luego de una larga lucha, a Iván Duque como nuestro presidente pero no nos abstenemos de expresar nuestro descontento cuando vemos pasar los días, semanas y meses sin que se cumpla lo prometido en campaña de aplicar la Legalidad, el nuevo nombre dado a la Seguridad Democrática tan conocida por todos. Con el termino de “uribistas extremos” la columnista descalifica, aludiendo a la extrema derecha, a quienes esperamos mucho de este gobierno y asumimos la responsabilidad ante el país y el mundo de darle un giro radical a las desastrosas políticas de Juan Manuel Santos. Para esto y mucho más fue que elegimos a un personaje de la talla de Iván Duque que no nos va a defraudar.

Tengamos presente que tanto el presidente Duque como el ex presidente Uribe han recibido críticas de parte del “extremo uribismo”. Pero no se trata de las mismas críticas a las que se refiere el artículo cuando menciona al NYT y a los falsos “falsos positivos” con los que quisieron frenar el ascenso del general Nicacio Martínez -ese triunfo en el congreso lo aplaudimos como también nos solidarizamos con las respuestas a la ONU dadas por Uribe-. Porque la cuestión no es de tono, ni de haber tenido o no el privilegio de escuchar al presidente “en recintos privados, siempre improvisando y no leyendo teleprónteres” como María Isabel si “en dos o tres oportunidades”. Por más conmovedor que pueda llegar a ser el tono del presidente Duque, que todos conocemos en público y con el que ganó millones de votos durante su campaña, no es lo que esperamos de él como presidente. Elegimos un presidente para que ejecute lo que su clara inteligencia le dicte, no para que nos deleite con su convincente tono en demostraciones privadas de su notable intelecto.

María Isabel Rueda contrasta el tono del presidente Duque con “las voces a veces lunáticas, otras inoportunas y muchas salidas de tono de los miembros del uribismo extremo” para pasar a decir lo siguiente:

“¡Le reprochan, incluso, el intento de rescate de la moralidad pública al haberse resistido a repartir ‘mermelada’ a mano llena en el Congreso! Como afuera, adentro también le cobran a Duque los errores, los extravíos, la beligerancia y hostilidad de los uribistas extremos”, confundiendo al lector con sus extrañas divagaciones.

Pero lo que más desconcierta del mencionado artículo es su final donde afirma que la JEP y la FARC en el Congreso “ya es historia patria y nos fuimos así”.

María Isabel Rueda se equivoca en esto como en su intento de desunir al Centro Democrático. Ni la JEP, ni los narcoterroristas en el Congreso, ni el maldito acuerdo son intocables. Y por cierto, el tal “uribismo extremo” no existe, ya no estamos para esos cuenticos.

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