Uribitis: “Semana”, un ejemplo

14 de septiembre del 2019

Por: Ignacio Arizmendi Posada.

Uribitis: “Semana”, un ejemplo

Tras recibir la última edición de la revista Semana (#1949, del 8 al 15 de septiembre de 2019), de la que soy suscriptor desde hace años, me dio un “súbito”: determinar el grado de “uribitis” (inflamación del uribismo) de la edición mediante un examen muy sencillo: precisar cuántas veces aparecía el nombre del expresidente y senador Álvaro Uribe en sus 98 páginas. Seguramente me impulsó mi condición de periodista y la imagen que tengo de tal publicación, con un ADN más sensible a lo que Uribe hace, hizo o hará; dijo, dice o dirá. O lo que no haga o diga.

El ejercicio podía anticipar un resultado fácil de componer, como cuando uno predice de alguien que va a hablar de su deporte favorito en una reunión cualquiera dado que lo menciona con frecuencia en su comunicación habitual. Y puse manos a la obra, regido por una hipótesis de trabajo consistente en que era altamente probable hallar no pocas menciones (favorables, desfavorables o neutras) al exmandatario antioqueño.

El propósito no era establecer el grado de antiuribismo de Semana sino lo contrario: el grado de apego a Uribe transformado en uribitis, “afición” incontrolable, por decirlo así, respecto del expresidente, solo que en el caso de hoy es una afición sui géneris. Una afición aguda por ser quien es el personaje, uno de los colombianos más vilipendiados desde el ya lejano año 2002, cuanto ganó la presidencia de la república en la primera vuelta luego de ir en los últimos lugares en las encuestas. Hecho aquel que dejó muchos sentimientos heridos y maltrechos, mutados luego en enemistad y rencor, lo que también se percibe –no hay por qué ocultarlo– en las ediciones habituales de la revista, si bien a veces sus directivos hacen lo posible por no dejarse agarrar.

Elegí la última edición porque sí, sin lectura previa, por el “súbito”, con la convicción de que si hubiera escogido otra edición, el resultado probablemente sería similar a lo expuesto en el cuadro que sigue.

En términos informales, pero serios, podría decir que hay uribitis de la Casa Uribe, de la Casa Santos y de la Casa Petro. La cosa se complementa si comparamos el escenario, en modo coloquial, con los borrachitos de mi Dios: a unos, los tragos les dan por “la cariñosa” y a otros por “la furiosa”, fenómenos que suelen darse de distinta manera en las tres casas.

En el cuadro, por ejemplo, se observa que de las 98 páginas de la edición analizada, 85 son de contenido periodístico, de las cuales 44 corresponden a temas nacionales, de las que, a su vez, en 17 se registran 65 menciones al expresidente Uribe, ¡65! (versus 12 al presidente Duque en las 44), que proceden de columnistas, invitados o de la publicación. Se evidencia un promedio de 3.8 menciones en cada una de las 17 páginas, número éste que constituye el 38.6 % de las 44 páginas. Huellas inocultables de la uribitis de Semana, que da la impresión de orbitar, al menos en este aspecto, alrededor de la Casa Santos…

¿Es que esa revista o cualquier otro medio no pueden mencionar a Uribe en sus espacios porque la uribitis de la Casa Uribe explota en improperios? En absoluto. Lo que deseaba con este microanálisis era invitar a cuestionarnos por qué muchos tienden a ver a Uribe en todo lo que pasa en este país: “De la abundancia del corazón habla la boca”. Esa es la uribitis. Me lo decía un periodista de mi ciudad, desafecto al expresidente, al preguntarse “por qué en Colombia todo tiene que girar en torno de este personaje”. Pues que contesten Semana, El Espectador, otros medios de prensa, radio, televisión, centros de pensamiento, portales, etc.

INFLEXIÓN. ¿Para qué sirve este rollo de hoy? Para atizar las discusiones de fin de semana con los amigos y familiares…

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