Valeriano Lanchas: en el gran barbero del METropolitan de New York

17 de enero del 2016

“El mismo Pavarotti seleccionó a Lanchas en Bogotá.”

« No puedo evitar pensar que ‘Il Barbiere di Siviglia’,

por su abundancia de ideas, su viveza cómica y su claridad de declamación,

es la ópera bufa más bonita que existe ».

Verdi

 

 « Sobre todo, haga muchos Barberos ».

Beethoven

 

« Es un crimen haber dejado la pluma a los treinta y siete años;

ni él mismo tenía idea de lo que hubiera podido extraer de su privilegiado cerebro ».

Wagner

Barbero1

Ya es costumbre tener cantantes colombianos que destacan local e internacionalmente en géneros como el Pop, la Salsa o el Vallenato, pero escasísimos son los reconocidos en la llamada música culta. Muy probablemente porque a pocos en el país interesa este género y porque las políticas culturales se encaminan de preferencia hacia lo popular que es de más fácil asimilación y produce en más corto lapso réditos electorales, en detrimento, claro, de la elevación del nivel cultural de los ciudadanos.

En términos generales, ha sido la obstinación individual de algunos, así como la instauración –también ha de decirse– de algunas cátedras universitarias que ha permitido que la modalidad clásica no haya sucumbido al olvido y que hoy en día exista un grupo de profesionales, en general educados en el extranjero, y alumnos en formación esperanzados de lanzarse a los escenarios; así como en contraparte existe un público, acostumbrado y formado por las transmisiones y eventos internacionales, anhelante de ver a nuestros compatriotas destacarse en esta modalidad.

En cuanto a lírica operística se refiere, Martha Senn, ahora prácticamente retirada de los escenarios, ha sido quien más reconocimiento internacional nos trajo últimamente; Carlos Julio Ramírez y Carmiña Gallo fueron también anteriormente buenos exponentes y embajadores internacionales. Cuenta el país en la actualidad con un bonito ramillete lírico en gestación, siendo el caso del bajo barítono Valeriano Lanchas de particular atención y sobre él nos extenderemos aquí.

Valeriano Lanchas comenzó su inquietud por la ópera desde muy temprana edad; una marcada afición lo llevó a tomar la decisión de convertirse en cantante de ópera, que pronto materializó con estudios y presentaciones; su salto al reconocimiento vino al conocer al celebérrimo Pavarotti en 1995 durante una estadía del tenor en Bogotá en la que le sugirió participar en un concurso de nuevos talentos que se celebraba regularmente y llevaba su nombre; el mismo Pavarotti seleccionó a Lanchas en Bogotá y luego enfrentado entre miles al mentado concurso en Filadelfia-EEUU, lo ganó; en esa misma ciudad intensificaría sus estudios de lírica.

Desde entonces no ha parado de entonar su prodigiosa voz en reconocidos escenarios del mundo, y al lado de grandes figuras que incluyen al finado Pavarotti, Juan Diego Flórez y Plácido Domingo. De este último ganó también un concurso del cual es mentor. Todas las baterías académicas enfiladas, muchas óperas aprendidas, muchos roles ejecutados, muchos teatros alternados, múltiples premios ganados, y mucho público lo había escuchado y aplaudido; le faltaba la consagración máxima en el templo de mayor trascendencia operística del mundo, ese en donde los grandes cantantes de ópera han elevado sus voces y conquistado el mundo: el METropolitan Opera House de New York; allí debutó recientemente nuestro cantante colombiano, allí en donde el aforo es cercano a los 4.000 asistentes, allí fue ungido por medios periodísticos, críticos, público exigente y conocedor. Allí estuvimos presentes con una delegación de colombianos apasionados de ópera y allí constatamos y celebramos su triunfo. Era el 16 de diciembre de 2015. Convirtiéndose así en el primer colombiano en llegar a la exigente escena del MET.

En su debut, Valeriano interpretó el rol de Don Bartolo en “El barbero de Sevilla” y lo seguirá haciendo en esta temporada 2015-2016. Un rol que le es conocido, que ha interpretado múltiples veces y en donde cada nota ha sido ocasión de su estudio y virtuosa interpretación. Así las cosas parecen fáciles, de rutina, de no ser porque la lengua escogida para estas presentaciones fue el inglés y no el original italiano; con lo cual hubo de revisar completamente la obra y enfrentarse al reto no sólo de la alta calidad exigida, sino de la nueva lengua. Ambos retos que superó ampliamente, así el inicio haya sido difícil, pero que una vez serenado se apropió de la escena, la lengua y el público. Y es que este rol no puede casar mejor con su voz, fisonomía y comicidad necesarias, y de ellas sacó el mejor provecho.

En materia de trama, recordemos que Don Bartolo es tutor de la bella Rosina a quien sobrepasa largamente en edad y con quien pretende casarse para disfrutar de su fortuna. Se interpone el joven Conde de Almaviva quien con ayuda del barbero Fígaro logra entrar en la morada de Rosina y Bartolo y planear pericias de gran comicidad que concluyen con el feliz casorio de Rosina y Almaviva. El todo interpretado por excelentes intérpretes: la mezzo-soprano estadounidense Isabel Leonard en Rosina, el tenor estadounidense David Portillo en Almaviva, el barítono canadiense Elliot Madore en Fígaro; histrionismos y voces a regodearse; remarcable Almaviva quien hacía también, en esta ocasión, su debut en el MET.

Esta pieza que fue estrenada hace dos siglos con el nombre de “Almaviva, o la precaución inútil”, y cuya première fue un desastre, abucheada y objeto de burla, figura hoy en día entre las más importantes –si no la más– óperas cómicas. Fue presentada en el MET en 1883, en donde grandes figuras la han interpretado en más de 600 ocasiones; ahora y desde el 2006 se encuentra en su sexta versión.

Una estupenda, untuosa y atrapadora música, como sólo Rossini supo fabricar, a sus escasos 24 años y que compuso en sólo 13 días; salpicada de melodías y arias muy conocidas y a flor de boca todavía; ¿quién no ha escuchado e intentado sonsonetear el difícil trabalenguas “Figaro qua, Figaro là, Figaro su, Figaro giù…”? Muchos nos hemos malaventurado en el anonimato de la ducha, pero pocos han emprendido un “Figaro here, Figaro there, Figaro up, Figaro down…”, es que dicho así nos es menos natural, suena artificial; ah, y ya que estamos en estas, pues digámoslo: es que la lengua inglesa no tiene la misma musicalidad, la misma cadencia y acento de la italiana, inherente al bel canto. La conocida aria “Una voce poco fa qui nel cor mi risuonò…” traducida como “In my heart I hear his voice….” aunque expresa la misma idea, carece de sutileza semántica, y cantada escasea de gracia y melodía. Enfrentados a este obstáculo los cantantes salieron triunfantes y colmados de aplausos.

Gran éxito recogió, entonces, nuestro Valeriano Lanchas en esta temporada de bautizo METropolitano, en cuyas tapetes escuchamos que regresará para la próxima temporada, con el mismo rol, pero en italiano (Uff). Entre tanto, el público colombiano podrá asistir a algunas presentaciones del MET, a través de las retransmisiones que Cine Colombia ofrece. Y a quienes tengan la fortuna de deambular por ese lugar de culto newyorkino no olvidar también visitar las trasbambalinas (backstage) cuya sofisticación explican la tanta magia de las grandes producciones que ofrece, ah, y que por cierto cada una tarda 5 años de preparación y muchísimos dólares antes de llevarse a tan fabuloso escenario…

¡Bravísimo Valeriano!

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO