Reencuentro de dinastías KienyKe

14 de mayo del 2014

Reencuentro de dos de las más grandes y tradicionales dinastías del vallenato.

Por Jacobo Solano

JacoboSolano

En el marco de la cuadragésima séptima versión del Festival de la Leyenda Vallenata, en Valledupar, exactamente en una parranda ofrecida por la revista digital KienyKe.com, se dio un hecho inédito e histórico; el reencuentro de dos de las más grandes y tradicionales dinastías, que más le han aportado a la música vallenata; representadas por: Martín Elías Díaz, el más sobresaliente de los hijos Diomedes Díaz, en la música y Wilber Mendoza, Rey vallenato e hijo de el juglar Nicolás ‘Colacho’ Mendoza.

Pero ¿por qué es tan trascendental este encuentro, nunca antes visto en las parrandas vallenatas? Porque la pareja Diomedes – ‘Colacho’ fue una de las más célebres, cuando finalizaba la década de los 70 y comenzaban los 80; además, fue a dúo con ‘Colacho’, cuando ‘El Cacique de la Junta’ inició su ascenso en el mundo artístico nacional, hasta llegar a convertirse en el máximo exponente del género, una superestrella que logró llenar escenarios, cosechar millones de seguidores y ser el líder en venta de discos. Producciones como: Tu serenata, Dos grandes, Los profesionales, Para mi fanaticada, Con mucho estilo, Todo es para ti, Cantando y El mundo, consagraron a este par de músicos de origen campesino, como figuras rutilantes que marcaron el rumbo para que la música vallenata sea, hoy, identidad de Colombia; sus canciones  hacen parte del tejido de la vida musical de nuestro país. En 1984, cuando se separaron, los seguidores de la pareja, nunca se resignaron a ver a sus artistas por caminos diferentes, y tuvieron que pasar 30 años, para que estas dos dinastías se reencontraran.

Martín Elías vive un presente inmejorable. Como músico ha sabido madurar, ha entendido que las críticas son parte del crecimiento, se convirtió en el artista del Festival 2014, con presentaciones impecables y, sobre todo, conservando el gran legado de su padre. Wilber, un magistral acordeonero, quien acaba de entregar la corona que conquistó con mucho esfuerzo y dedicación en el  2013, luego de un momento difícil por su adicción a las drogas, convirtiéndose en modelo de superación para las nuevas generaciones. Prueba absoluta que garantiza la hegemonía de estas dos dinastías, gracias a esta afortunada unión, que aunque  fue temporal, se convirtió en un gran acontecimiento, por la emotividad que se vio en la tarima y que llevó al delirio a los asistentes, quienes escuchamos atentos canciones memorables como: Te quiero mucho, Te necesito, Bonita y Mi muchacho.

Inolvidable, volver a escuchar “El pase de los artistas” que fue una impronta de dos grandes, aunque ya no estén con nosotros, nos dejaron a sus hijos quienes seguirán manteniendo en alto el nombre de las castas más puras y tradicionales de la música de la caja, la guacharaca y el acordeón, estableciendo que continúan vigentes, en beneficio del folclor. Bien por Martín y bien por Wilber, es fácil deducir que el futuro les tiene muchas sorpresas positivas para sus carreras y la honra de sus padres.

Solo me resta, agradecer a Adriana Bernal y a Carlos Andrade por confiar en el vallenato, por exaltar y valorar la cultura, tradición y por el despliegue tan importante para nuestro folclor, con todas las publicaciones y esa magnífica parranda, coordinada al detalle, con mucha clase y estilo por Kayita Daza, una integración en torno a la cultura del Valle del Cacique Upar, con danzas típicas, gastronomía de la región y conversatorios. Gracias por venir a Valledupar.

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