Vargas Lleras en el lugar equivocado

Vargas Lleras en el lugar equivocado

1 de noviembre del 2017

Claro que Germán Vargas Lleras tiene las maquinarias. Y peor, tiene la mejor aceitada a nivel nacional. Si por eso fuera ya se podría decir que es el próximo presidente. Claro que el mismísimo nieto de Carlos Lleras Restrepo tiene cuenta con el favoritismo de los medios capitalinos y su aparición en la gran prensa es la más destacada. Y si por eso fuera ya sería el elegido para el 2018.

Claro que en las regiones se ha consolidado como el Capo di tutti capi con los caciques regionales y las corruptas clientelas departamentales. Y sí fuera por eso ya podría cantar victoria en las elecciones del año entrante. Pero las cosas hoy no son lo que parecen y Vargas lleras olvidó que, ‘no por mucho madrugar amanece más temprano’.

El exministro de vivienda definitivamente le apostó a lo mismo. Las mismas clientelas, los mismos caciques regionales, las mismas prácticas que han hecho que el sistema electoral haya hecho agua, los mismos contratistas que han usurpado la democracia con su perverso canje de plata para votos por jugosas licencias para obras, los mismos politiqueros que apoyaron a Álvaro Uribe y a Juan Manuel Santos y que no tienen empacho para saltar en paracaídas al ‘Vargasllerismo’, los mismos voltearepas que le apostaron a la mano dura contra la subversión y luego a la mano blanda con la guerrilla. El mismo Vargas Lleras que se proyectó presidenciable hace 20 años porque confía en que aquí reinará el viejo país por In saecula saeculorum.

Vargas se la jugó incluso por lo peor de la clase política, por esa estirpe negociante de lo público que mezcla impunemente la contratocracia, la narcopolítica y la parapolítica y que aún actúa en ciertas regiones del país como si aquí no pasara nada. Pero se equivoca en sus cálculos. Haber fraguado su aspiración presidencial soportada principalmente en la vieja clase política es una apuesta suicida.

No solo porque el país que elegirá presidente en el 2018 ya no es el mismo que recibió a Álvaro Uribe hace 16 años y mucho menos el que aceptó a Juan Manuel Santos hace ocho, sino porque hoy la agenda no la ponen las Farc como le sucedió a las dos administraciones repitentes, Uribe y Santos, sino incluso a la de Andrés Pastrana.

Hoy la agenda irónicamente la pone Álvaro Uribe y justo ahí puede radicar la hecatombe ‘vargasllerista’. Porque Uribe aunque no tenga candidato propio tiene todavía una enorme capacidad de veto a los aspirantes ‘santistas’. Por eso no logran repuntar en las encuestas ninguno de los candidatos que apoye Santos. Y Vargas Lleras, así se pelee con Santos y así mande para el chorizo a su antiguo aliado el Secretario General de la presidencia, Alfonso Prada, nunca logrará que la opinión lo desligue del gobierno Santos, cuya imagen desfavorable no para de caer y se prevé que para el 2018 estará por el piso. Vargas Lleras así se vista de seda uribista siempre será visto como mono santista.

Y así Vargas traicione a Santos jamás logrará asirse a las banderas uribistas ya que en esa contienda polarizante entre Uribe y Santos no hay duda que el ganador de lejos será el expresidente. Sobre todo porque la gente, que indiscutiblemente sí quiere la paz, no le cree a Santos ni a ningún santista pero gracias a que el presidente cayó en la trampa de la polarización la gente terminó creyéndole a Uribe por acto reflejo. Y no necesariamente para que gane el que diga Uribe, como algunos piensan, sino para que no gane el que diga Santos. Por eso Vargas Lleras ahora decidió tardíamente jugar a desmarcarse de Santos. Sabe que arropado por esa nefasta imagen lo único que tiene garantizado es la derrota.

Pero además desacierta Vargas porque al asumir posiciones uribistas lejos de obtener réditos electorales lo que hace es darle la razón a Uribe y por supuesto fortalecer su imagen de coherencia radical. Y por el camino que escogió Germán Vargas Lleras se va a quedar sin el pan y sin el queso. Será un candidato camuflado de Uribista que cargará con el desprestigio de Santos.

Además es obvio que Cambio Radical cree que el elector es tonto y por eso Vargas decidió irse por firmas como candidato independiente. Ahora quiere utilizar este mecanismo democrático, diseñado para abrirle espacios a las nuevas fuerzas o a las minorías, como un burladero del desprestigio político.

Curiosamente el nieto de Lleras va a terminar con el pecado y sin el género porque en la medida que se descuaje la JEP o se desarticulen los acuerdos de La Habana quedará como el candidato del si, pero no. Y en el mejor de los casos quedará como la Chimultrufia que lo mismo dice una cosa que la otra. Ambigüedad que le castigará un elector desconfiado que votó por el No y que sabe que Vargas Lleras votó por el Si. Y hablando de traiciones es poco probable que el elector quiera premiar a quien se ubica en un discurso para tener burocracia y luego se quita para tener votos. Claro que el partido ‘vargasllersita’ cree que lo importante es el respaldo de la clase política regional así se encuentre en el nivel máximo de su descrédito.

Y en su naufragio el candidato de la aristocracia bogotana hará sus cuentas alegres con el refugio que le brindará la Casita Roja, que es a lo que quedó reducido el otrora gran Partido Liberal. Porque ahora desde la casa Gavirista, después de despilfarrar 40 mil millones de pesos en una consulta, con su muerte anunciada y en la que todos pierden, le harán el guiño para que Simón Gaviria surja como figura vicepresidencial, para el orgullo de su padre César Gaviria, quien arriará las banderas de la Casita Rosa para enfrentar al que diga Uribe. Y como al César lo que es de Santos, los restos liberales y los restos del Partido de la U cerrarán filas al lado de Vargas para que no gane Iván Duque, quien seguro será al final el que diga Uribe.

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