Vecino loco paranoico

13 de julio del 2018

Por Jair Espitia.
Sin el impacto de un misil, ya Venezuela está destruida.

Vecino loco paranoico

Una taza de tinto y dos de aromática ocupaban la diminuta mesa en la que tres señores, que en apariencia suman el mismo tiempo de la independencia de Colombia, reposaban el almuerzo que minutos antes habían terminado en el restaurante corriente de al frente. Conversaban sobre varios temas de los que hoy llaman “de coyuntura”; sí, así como cuando unos señores hablan de cualquier tema.

“Eso es pelea de tigre con burro amarrao”, dice uno de las señores, de acento propio de la costa norte del país, en referencia a una eventual guerra armada entre Venezuela y Estados Unidos, por aquello de las versiones que apuntarían a una intervención militar norteamericana originada desde territorio colombiano para dar fin a la crisis social, política y económica que sucumbe a nuestro inmediato vecino del Este por culpa del desgobierno, ineficiencia, paranoia, estupidez…. (y todo adjetivo que quieran agregar)… de Nicolás Maduro.

La metáfora del señor, en la que es claro quiénes representan cada animal, llegó al espontáneo debate en aquella diminuta mesa luego de que otro de los contertulios recordó las palabras del constituyente chavista Pedro Carreño que, en una elocuente entrevista televisada, señaló el plan de ataque de su país contra Colombia si Bogotá decidiera participar como plataforma de un eventual despliegue militar estadounidense contra Venezuela.

Como si se tratara de un análisis de estrategia futbolística, bien de moda por estos días, el diputado con mapa en mano, mostró los movimientos militares que harían con los “Sukhois” y lanza misiles para derribar puentes colombianos y dividir al país, para defenderse de la supuesta agresión bélica que se prepara desde Colombia.

Medios internacionales de prensa registran que Venezuela se ha gastado en los últimos 10 años unos seis mil millones de dólares en armamento militar, a través de créditos rusos y chinos, respaldados por la saqueada estatal petrolera PDVSA.

Es tal la paranoia chavista que para algunos como Carreño es más fácil hablar de una estrategia militar “anti imperialista” que de la estrategia para vencer la crisis social de su propio país; situación que en los dos últimos años incrementó en 900% la migración de ciudadanos venezolanos a otros destinos de Latinoamérica.

Para 2017 unos 600 mil venezolanos llegaron a Colombia; y en la actualidad más de 50 mil personas ingresan diariamente a territorio nacional a través de los pasos fronterizos legales; personas que huyen de la incertidumbre, la desesperación y la zozobra en la que viven bajo el régimen que gobierna en Venezuela.

En ese contexto, ayer se conoció la muerte de Andrea Coronado, una joven de Maracaibo que llegó al país para que le hicieran las respectivas quimioterapias contra el cáncer de cabeza que padecía. Pasó por varios hospitales de la costa norte del país, pero por no pertenecer al sistema de salud nacional ni tener documentos, no encontró una ayuda médica eficaz.

El alma de Andrea dejó este mundo y su cuerpo quedó en un hospital en Barranquilla. Su hermana y una amiga, quienes lloran sin contemplación el deceso de esta joven, son las que han salido a denunciar la situación, argumentando negligencia médica.

Aunque este es uno de decenas de casos similares en Colombia, que evidencian los huecos estructurales y problemas financieros de nuestro sistema de salud y por el cual merece una revisión a fondo (pero es otra discusión), también es muestra de lo grave que está Venezuela, por lo que sus ciudadanos deben salir de allá para encontrar en otros territorios alguna esperanza de un mejor presente y futuro. Esta no fue la situación de Andrea, pero encontraba en Colombia una oportunidad que el gobierno de su país no le ofrecía.

Pero no es solo la salud en Venezuela, todo el aparato productivo está quebrado; hay desabastecimiento, no hay producción local, la inflación padece de obesidad mórbida; los billetes ya no se cuentan, se pesan. No vale nada. La delincuencia es rampante en cada esquina. Hay desesperanza en el pueblo venezolano y eso mina el espíritu.

Mientras los líderes de la llamada revolución bolivariana apelan a la narrativa de la defensa de su territorio y sus ciudadanos con plomo contra Colombia, en nuestro país se habla de apoyo internacional para atender a los seres humanos que quieren escapar de la terrible vida que llevan en Venezuela carente de dignidad.

El oficialismo venezolano no se da cuenta que, sin el impacto de un solo misil, su país ya está sumido en la destrucción.

@jairespitia

Una más:

Prendo una vela en memoria de Willington Montenegro Martínez, Yair Montenegro Galindo y Douglas Guerrero Medina, agentes del CTI de la Fiscalía asesinados brutalmente en Nariño, según las autoridades, por crimínales homicidas disidentes de las Farc.

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