Vendo mi matriz

28 de enero del 2011

Cuando era niña, quería casarme y preñarme tres veces con Salomé, Petra y Salvador. Quería una casa de ladrillos con un jardín adelante lleno de flores y caminito a una puerta roja, y un jardín atrás con dos perros grandes (porque para tener perro chiquito, tengo llaveros). También quería una empleada morena con acento caribeño y delantal de cuadritos blancos y celestes. Quería un esposo encorbatado y entrajado, con sombrero de terciopelo azul y maletín de cuero marrón. Lo quería en la puerta roja a las seis de la tarde, con un manojo de margaritas blancas para mí.

Todas las niñas querían maridos y casas con perros. A todas nos programaron el cerebro con la misma marca de hierro que usan para el ganado. A algunas más profundo que a otras. Algunas crecieron y apenas llegaron a la edad de merecer empezaron a angustiarse y a buscar novio necesitándolo como al control remoto. Unas cambiaron de novios como de calzones, otras se quedaron con el mismo por siempre jamás y otras, como yo, tuvimos algunos pocos novios y ninguno demasiado serio. Eventualmente, algunas se casaron, se casaron rapidísimo. Otras se demoraron más y a otras, como a mí, nos siguen diciendo “yo decía lo mismo”, y después muestran el anillo.

No me he casado y bebés tampoco he tenido. Hace ya varios años que dejé de soñar con la casita de puerta roja llena de bebes y marido. Hace ya mucho tiempo que no me provocan los bebés, los bebés dejaron de gustarme, no me interesan. Los hijos me parecen un encarte. El encarte que dura toda la vida, la grandísima eterna responsabilidad de ser madre. No sólo no quiero estar preñada nueve meses, sino que no quiero parir un hijo por la vagina, ni quiero que me abran la barriga para sacarlo por ahí. Yo tengo una columna como la de Frida y no quiero montarle quince kilos más.  No quiero que se me hinchen las tetas y me lloren leche. No quiero que me succionen los pezones hasta que me duelan. No quiero que me despierten llorando, no quiero darles de comer y verlos como se embadurnan la cara para que después tenga que limpiarla yo. No quiero mecerlos hasta que se duerman, ni quiero limpiarles el culo cuando se caguen y untarles el ojetico con cremita para que no se quemen. No quiero criar un hijo. No quiero tener que preocuparme porque se ahogo en la piscina, o se descalabro en el parque. No quiero tener que pensar en varicela y fiebre, en rodillas sangrantes y mocos. Yo no quiero criar a nadie, no quiero la responsabilidad, no me interesa.

Quiero, durante toda mi vida, poder tener la libertad de quedarme todo el día y la tarde en la cama, si se me da la gana. Quiero seguir hirviendo agua para sopas Ramen porque no sé cocinar, y comérmelo en un Tupperware que meteré en la nevera para no lavarlo. Quiero poder ir a comprarme unas Dr. Martens verdes hoy y volver mañana por las blancas. Quiero poder gastarme US$150 en un collar de pepas de acrilico, y los otros US$50 en una camiseta de los Rolling Stones.

Yo heredaría hijos, los de mi hermano, mis primos y mis mejores amigos, pero toda esta gente, mi gente, sabe que sería una crianza muy libre y progresiva. Serían unos hijos de autoestimas infladas y pintura debajo de las uñas. Aunque sería ideal que mi gente pueda criar a sus propios hijos, ojalá.

Otra razón por la que podrían volver a verme en diez años, y encontrarme con uno hijo, es porque lo adopté. Yo no entiendo a la gente que se embaraza y trae más hijos a este planeta. ¿Es que esta gente no se entera? ¿No saben que en el mundo, cada día se mueren 16.000 niños de hambre? No saben que los orfanatos están hinchados de niños compartiendo camas de sábanas sucias? Considero que tener hijos biológicos se volvió un atentado contra los niños con hambre que ya existen en el mundo. No necesitamos más niños, tenemos suficientes. No entiendo la dicha, no entiendo esas falsas esperanzas, que injusticia.

No entiendo estas madres que a duras penas tienen para alimentarse a sí mismas y siguen pariendo niños. Qué tal esa idea tan ridicula de que “los bebés llegan con el pan debajo del brazo”? Si los niños traen algo es necesidades. Los niños con hambre son los que todas mis amigas deberían estar criando. No más niños nuevos ¿Qué necesidad? Es egoista hacer más bebés, es inmoral. La necesidad de propagarse a sí mismos, de extender la existencia del apellido, de ser inmortales, es egoismo en su máxima expresión. La única diferencia real entre adoptar un hijo y tener uno biológico es que si el hijo es adoptado, y necesita un riñón, lo más posible es que el suyo no le va a servir. ¿Y esa es razón suficiente para no adoptar un niño que de otra manera tendra una vida miserable?


No entiendo las leyes laborales, que están diseñadas para que las madres tengan la opción de tomarse tiempo libre para estar con sus hijos, volviendo así mi propio tiempo menos importante, porque no tengo hijos que criar. Alguna vez trabajé con una boricua que siempre salía más temprano para irse a la casa para estar con su bebé, y se ponía brava conmigo si quien trataba de irse temprano era yo. ¿Cuándo se volvió mi responsabilidad que esta mujer haya decidido abrir las piernas y se haya dejado preñar por un irresponsable de cachucha para atrás y pantalones por debajo del culo que no se quiso casar con ella? ¿Porque se volvió mi culpa que ella decidió seguir con su embarazo? Yo tengo derecho a salir temprano para irme a mi casa a rascarme las tetas, ¿por qué no?

Y bueno, a pesar de que tengo la libertad de decidir que no quiero ser mamá, no tengo la libertad de apagar mi aparato reproductor femenino. No, a mí me toca seguir sangrando como si abrieran la llave del agua, todos los meses. Todos los meses me duelen los ovarios, un mes me duele uno, y el siguiente me duele el otro. Todos los meses sangro durante seis dias, y me salen dos granos rojos en la cara, de esos diabólicos que nunca tienen boca, que duelen con solo pensar en ellos. Todos los meses me poseen mis hormonas y me vuelvo un nudo de emociones, peor que un trancón de tráfico en Bogotá, peor que uno en el DF. Me vuelvo un horror y lloro, siempre lloro, todos los meses lloro. Lloro porque Homero cree que se va a morir y se despide de Bart, Lisa y Maggie en un video. Lloro porque matan a King Kong, y porque alguna actriz gringa sale del closet en television. Lloro porque me emociono, porque siento ira o porque me duele todo. A veces me vuelvo un diablo.

Son cosas que no puedo controlar, no puedo controlar mis emociones, y mucho menos mis reacciones. Y todo esto porque soy mujer, no tengo más opciones. Me niego a llenar mi cuerpo de más hormonas y químicos, que bien se que podría tomarme algunas pastillas mágicas que me harían sentir mejor. Pero yo no quiero placebos ni remedios, yo quiero deshacerme de todo mi sistema reproductor femenino. Quiero que me lo saquen y me sequen por dentro. Yo no lo estoy usando para nada, y no lo pienso usar. Si en un par de años empezara a querer tener hijos, descontroladamente, como estornudando, adoptaría uno. Yo no necesito todos estos organos sangrantes, no los quiero.

Y es por todas estas razones que hoy, publicamente, pongo en venta mi matriz. Se la quedara el mejor postor, y que tenga claro que todos los gastos de hospitales y recuperación correrán por su cuenta. ¿Quién da más?

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