Viuda a los 14 años

22 de enero del 2013

Sus familiares la mantienen sedada porque ha intentado quitarse la vida dos veces, desde hace ocho días cuando la Policía mató –en un absurdo episodio- a su joven marido, de apenas 17 años. Maicol Suárez era reciclador en Bogotá. A los 12 años se convirtió en el papá de sus cinco hermanos, abandonados primero por […]

Sus familiares la mantienen sedada porque ha intentado quitarse la vida dos veces, desde hace ocho días cuando la Policía mató –en un absurdo episodio- a su joven marido, de apenas 17 años.

Maicol Suárez era reciclador en Bogotá. A los 12 años se convirtió en el papá de sus cinco hermanos, abandonados primero por el padre y luego por la madre. El muchacho entendió rápido que no tenía otra alternativa que velar por su familia y lo asumió con responsabilidad y enjundia.

Murió el pasado martes 15 de enero, en el Hospital de Kennedy. El viernes anterior, hacia el mediodía, según vecinos del barrio La María, una patrulla policial embistió “la zorra” en la que iban Maicol, Harold y una niña de unos cuatro años.

Nadie explica todavía el atropello policial. La niña salió “volando” pero milagrosamente salvó su vida. Hubo disparos de los agentes. Harold (amigo y copiloto) recibió un tiro en una pierna. Vecinos solidarios protestaron airadamente. Una bala penetró directamente por el ojo derecho de Maicol. Ese ojo que solía “picarle” con coquetería a su “mona”, como llamaba a la joven que conoció dos años atrás y con quien convivía en casa de la suegra.

Gritos, desespero, confusión. La Policía –según testigos- no auxilió a los heridos y salió del lugar. Los vecinos llevaron a los dos muchachos al hospital de Bosa, en su propia carreta, las llamadas ‘zorras’.

Después de cinco horas, los médicos resolvieron ponerle una venda sobre el ojo, sabiendo que en su cráneo reposaba una bala. Familiares y voluntarios siguieron el viacrucis y llevaron al moribundo hasta el Hospital de Kennedy, contaron personas cercanas a Maicol, según relato del periodista Nikolai Moreno, de Todelar.

Era de suponerse que sólo podía salvarlo un milagro, que no se produjo. Maicol falleció.

La Policía tiene otra versión. El Coronel Flavio Mesa, comandante de esa institución en Cundinamarca, dice que el barrio La María es muy peligroso y que los diez agentes fueron víctimas de una asonada.

Según él, los policías fueron recibidos con machetes, palos, piedras y armas cortopunzantes, ante una acción rutinaria. Tres resultaron heridos, “en la gresca”, dice Mesa.

El asunto está siendo investigado por la Policía, pero ya fueron retirados provisionalmente del servicio tres agentes, sin que eso quiera decir que son responsables directos de la muerte del joven reciclador.

Sobre los supuestos excesos policiales, el Coronel Mesa considera que “muy posiblemente los policías actuaron en defensa propia ante la asonada de que fueron objeto”.

Testigos del episodio consideran que el atropello policial no tuvo límites y que Maicol Suárez sólo salió en defensa –airado, eso sí- porque su amigo, Harold, había recibido un disparo en una pierna, de manera abusiva.

Doña María (nombre ficticio), la suegra de Maicol, dice que el muchacho era “un guerrerito”, no por conflictivo sino por trabajador y responsable. Tanto, que ella terminó aceptando la relación con su hija menor de edad y lo alojó en su casa, como pareja de “la mona”.  Según ella, “era un ejemplo de hombre y esposo”.

La Policía sostiene que Maicol y Harold tenían antecedentes de revoltosos, pero nunca hubo la intención de disparar contra ellos. Al parecer, había en el lugar sujetos más peligrosos.

¿Peligroso Maicol?, sonríe irónica la madre de “la mona”. “Los peligrosos son los policías”, afirma categórica.

El Coronel Mesa pide prudencia mientras se establece toda la verdad.

Maicol

Maicol Suárez

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