La extraviada Viviane

La extraviada Viviane

2 de mayo del 2017

Admiro al ministro de Salud y Protección Social, Alejandro Gaviria por ser capaz de salir públicamente a reconocer su ateísmo. Eso no es fácil en este país, o en muchos otros, donde la racionalidad del descreimiento se confunde con perversidad, con seres malévolos entregados al diablo. Como si no creer en la existencia de un ser supremo, fuera automáticamente el reconocimiento de su opuesto el malvado Belcebú.

Pues el ateísmo no es eso, es precisamente lo contrario, no creer en Dios o en el Diablo, o en todas esas figuras fantásticas llamadas ángeles o demonios, santos o vírgenes. Es creer que este universo es lo suficientemente complejo como para explicarse con las elementales parábolas del evangelio.

No recuerdo, o a lo mejor no ha existido, otro ministro tan sincero que confesara a los medios esa postura sensata y racional frente a la vida. La mayoría son religiosos y creyentes o simulan serlo para no caer en la incorrección política. Además, hasta hace muy poco, constitucionalmente Colombia era un país católico, consagrado al Sagrado Corazón lo que obligaba a sus funcionarios públicos a estar comprometidos con el catolicismo.

Ahora, las cosas son distintas, aunque parece que quisieran mantenerlas dentro de esa forma de gobierno llamada teocracia; eso sí, buscando que sea más amplia que la anterior, que se comparta el gobierno compartido entre varias religiones, no solo el catolicismo, sino las múltiples vertientes del cristianismo, con toda esa recua de negociantes que son las iglesias donde el diezmo ha enriquecido a unos pocos pastorcitos “mentirosos”, gracias a exenciones tributarias y otras gabelas.

Frente a esta realidad se requiere valor como el que tuvo Alejandro Gaviria, para ser y decir que se es ateo. Eso además asegura que su gestión ha sido trasparente, así no haya resultado todo lo eficaz que se hubiera querido, porque si tuviera alguna mácula en su trayectoria de ministro ya los creyentes estarían acabando con él.

Con ese personaje valeroso a la cabeza, se tendría que hacer frente a las pretensiones de una extraviada liberal, la senadora Viviane Morales, que pretende llevar a Colombia a un referéndum para prohibir la adopción igualitaria, es decir cercenar el derecho que tienen a adoptar las parejas conformadas por personas del mismo sexo.

Es cierto que es una pelea dura, porque Gaviria no es un político y no cuenta con respaldos multitudinarios. Además su sector, el de la salud, es altamente conflictivo y las peleas que debe dar en la cotidianidad son de pocos réditos, restan popularidad en vez de darla. En cambio, en la otra esquina de este cuadrilátero, está una avezada electora, una mujer con poder y seguidores fieles, con una retórica inflada hecha de convicciones fanáticas.

Es posible que esta pelea no le interese al señor Ministro Gaviria. Con las de su cartera tiene suficiente para ocuparse. Pero es que alguien tiene que enfrentar el asunto en el liberalismo y en el gobierno para no oponerse el tema solo bajo la talanquera de que no se pueden invertir $280 mil millones en darle gusto a la homofobia del cristianismo retardatario, que intenta recortar derechos en lugar de garantizarlos.

Está bien que el señor Procurador Fernando Carrillo, otro buen liberal, llame la atención sobre lo desproporcionado que resultaría invertir toda esa plata en violar las garantías constitucionales, pero a eso hay que agregarle otros argumentos, como el que este es un país laico, que no puede legislar a favor de las creencias religiosas como pretende la senadora cristiana Viviane Morales.

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