“Votaré por el sí aunque no me trago a las FARC”

“Votaré por el sí aunque no me trago a las FARC”

3 de septiembre del 2016

Una cosa es la discusión política entre dos bravucones, matones o asaltantes, y otra bien distinta el gozo intelectual –estando de acuerdo o no- cuando dos escritores de pluma ágil y contundente se regocijan en sus argumentos.

De este espectáculo les voy a hablar. Del formidable Juan Esteban Constaín (premio nacional de narrativa, con su libro “El hombre que no fue jueves”) y del intelectual Julio César Londoño (premio Jorge Issaacs de ensayo científico, en cuento, el Alejo Carpentier y el prestigioso Juan Rulfo) uno de los escritores más agudos y cortantes. Esta semana escribieron sendas columnas, el primero en El Tiempo, el segundo en El País de Cali.

Dice Constaín: -De todos los personajes que atraviesan ese retrato terrible y magistral del alma humana que es ‘Madame Bovary’, la gran novela de Gustave Flaubert, quizás no haya ninguno más grotesco y repelente que ‘Monsieur Homais’, el célebre boticario de Yonville que es tan pretencioso y tan arribista, tan esnob, tan arrogante, que pide que lo llamen ‘farmaceuta’ y no ‘boticario’, pues lo suyo es la ciencia, no la superstición ni el fanatismo.

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Y más adelante: -En una de las mejores escenas de ‘Madame Bovary’, la de los comicios agrícolas, Flaubert le hace decir indignado a ‘Monsieur Homais’: “¡Qué fanatismo!”. Se lo dice al notario, si mal no recuerdo, mientras una pobre viejita recibe una medalla y promete llevársela al cura de su pueblo para que le diga unas misas. Entonces el feroz y arrogante boticario grita eso, “¡qué fanatismo!”. ¡Él, que es el más fanático del mundo!

Ayer me sentí como en una de esas escenas de ‘Madame Bovary’ en las que está el señor Homais, solo que aún peor, sin la gran literatura de Flaubert para hacer llevadero el momento; para hacer llevadera la vida. En una reunión estaban dos amigos discutiendo sobre lo que todo el mundo discute hoy en Colombia, el plebiscito. Uno de ellos argumentaba en favor del ‘Sí’, el otro en favor del ‘No’.

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Y en verdad era increíble la forma en que lo hacían, como si en vez de compartir argumentos se lanzaran memes, y a cual más descabellado y delirante. El uno daba a entender que quienes van a votar que no son unos idiotas; y el otro decía que los que vamos a votar que sí –sí– le estamos pavimentando el camino a la dictadura soviética, en la que solo creen ya los narradores deportivos colombianos durante los Juegos Olímpicos.

Luego terció otro amigo que también va a votar que sí, y para asombro de la tertulia se ensañó no con el del ‘No’ sino con el primero del ‘Sí’, enrostrándole no sé qué bajeza o qué traición de su jefe político. Viva la paz.

O como decía ‘Monsieur Homais’, “¡qué fanatismo!”. De verdad, qué fanatismo.

El estratega Juan Manuel

A nadie le simpatiza mucho el presidente Santos, arranca Londoño. Los que lo conocen dicen que, a su lado, Álvaro Uribe es un paisa “de lavar y planchar”. Pero hay que reconocer que sus estrategias, las de La Habana y las que está desplegando en la campaña del Sí, son magistrales.
El primer acierto fue la selección del equipo: dos héroes nacionales, Mora y Naranjo, un filósofo impasible, Sergio Jaramillo, y De la Calle, quizá el único político colombiano de primera línea del que nadie tiene nada qué decir. Periódicamente, el presidente le inyectó sangre nueva al equipo: generales activos, industriales, víctimas, académicos, prelados, figuras de la Unidad Nacional.

Adelante: Creo que el tiempo le dará la razón. El plebiscito es el mejor blindaje de los acuerdos.

Y sobre el plebiscito: La campaña por el Sí también está orquestada con precisión matemática. Desde el anuncio del acuerdo el 24 de agosto, y hasta el 2 de octubre, hay una seguidilla de eventos mediáticos que parece programada para no dejar caer la tensión ni un solo instante: el jueves 25 el presidente entregó los acuerdos al Congreso y anunció la convocatoria para el plebiscito.

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El lunes la Cámara lo aprobó. A la medianoche empezó el cese al fuego bilateral y definitivo. El martes el CNE emitió la reglamentación de la campaña. Antes del 15 de septiembre las Farc realizarán la X Conferencia Guerrillera, la última como grupo armado.

Una declaración de principios: votaré por el Sí a pesar de que no me trago a las Farc, por su barbarie, ni a Santos, un neoliberal culifruncido que arrastra un oscuro pasado: ¡Fue uribista!

¿Y qué tal este cierre “literario”, al margen de compartir el texto o mandarlo al carajo?

-A Uribe no lo resisto por tres razones: por su abultado prontuario, por la peligrosa y estúpida polarización en que tiene sumido al país, y la tercera y más grave, porque me tiene militando, por pánico y por reacción, en las sinuosas filas del santismo. Esto es lo que nunca le perdonaré a ese connotado caballista.

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