William, o la simplicidad de un análisis

William, o la simplicidad de un análisis

18 de octubre del 2016

A William Ospina le reconozco sus logros literarios y su capacidad de crear audiencias fieles, pero sus aportes al análisis histórico y social de nuestro país se quedaron en una concepción elemental de buenos y malos. Un país visto en modo de caricatura, sin matices, sin esguinces que nos permitan apreciar toda la complejidad de la Colombia siglo XXI.

Desde hace más de 20 años cuando publicó un ensayo socio político llamado “La Franja Amarilla”, William se quedó pegado a unas ideas que, a mi modo de ver, no corresponden con lo que nos pasa en estos días.

Para él, nuestra sociedad está dividida en dos: Oligarquías (malas) y pueblo (imbécil); Para él la historia de Colombia se detuvo en 1947 cuando asesinaron “la última esperanza de cambio” Jorge Eliecer Gaitán; para él aquí se acabó la producción industrial y agraria, ahora no tenemos sino actividades extractivas que van a acabar con todo; para él los partidos siguen siendo los mismos que han dominado la política por siempre; para él, la paz es un acuerdo de elites en el que el pueblo ha sido invitado de piedra.

Esas son algunas de las conclusiones que se sacan de su columna del domingo en El Espectador y de muchas más que le he leído. Y me parece que no ayudan a entender este despelotado país que tiene eso que él dice, pero mucho, muchísimo más. Veamos:

1º Claro que hay oligarquías (Los santos, los Uribes, los Vargas, etc. Etc) pero también hay una clase media creciente y pujante instalada en una Colombia urbana que ya no se dedica prioritariamente al campo, sino a actividades de comercio, servicios y manufacturas y tecnología. Ese país urbano de clases medias está reflejado en Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga y muchas más que tienen unas cohortes de estudiantes creativos y participativos; ssí la participación no se dé por los causes tradicionales. Y En este país, lamentablemente, también hay mafias poderosas alimentadas por el narcotráfico y la corrupción que en la mayoría de los casos no hacen parte de esas Oligarquías.

2º Claro que hay pueblo, pero no está dormido, ni se deja manipular tan fácilmente por las oligarquías. Tenemos movimientos de reacción como las dignidades (cafetera, lechera, papera, arrocera, etc., etc). Ese pueblo rural que también se ha unido al pueblo urbano en protestas como las de los taxistas, los camioneros, los usuarios del transporte público, la comunidad LGBTI, los indígenas y hasta las comunidades religiosas, que así no me gusten hacen parte también del pueblo. Es posible que ese pueblo no se exprese solo o primordialmente en las urnas, pero se expresa con mucha fuerza en las calles y ¡de qué manera!

3º Gaitán fue un gran caudillo, sin duda. Pero no fue la única esperanza, ni la última. Después de él hemos tenido líderes como Galán, como Pizarro, como Navarro, como Mockus, como Fajardo. Algunos muertos por balas asesinas y otros vivitos y aportando a la complejidad política de este país. Hoy en el Congreso mujeres de la talla de Claudia López o Angélica Lozano o políticos íntegros como Jorge Robledo, para solo referirme a lo que no han pertenecido a esas élites de las oligarquías. Los partidos se han transformado y existen alternativas que han logrado además llegar a lugares muy importantes de la política, arrebatando la hegemonía a las oligarquías, como ha sido el caso de Bogotá, Medellín, Cali o Pasto, con gobiernos locales alternativos, así en algunos casos hayan cometido errores y actos de corrupción.

4º Dice William que se acabó la producción industrial y agropecuaria. Se le olvidan actividades como las flores, las frutas, la palma, el azúcar, el caucho, el cacao y muchas más que han ido ocupando reglones de exportación interesantes. Claro, la agricultura ha cambiado y claro hay una tremenda inequidad en la distribución de las tierras. Pero también se le olvida que los cultivos de uso ilícito han desplazado mucha de esa agricultura tradicional que él añora.

En el campo industrial también hay cambios y reingenierías, entre otras cosas porque la que teníamos en los años 60 y 70 era mayoritariamente de empresas multinacionales que fueron emigrando en busca de países menos indómitos. También se le olvida que el comercio, la construcción y los servicios son actividades económicas con aportes significativos al PIB nacional. Pero como soy bastante lega en estos asuntos, dejo aquí esta reflexión.

5º La paz, finalmente, no es un acuerdo de élites. Hasta donde entiendo en la Habana ha estado sentado el gobierno con la insurrección armada, hablando de las condiciones para que dejen las armas y entren a hacer política en nombre de ese pueblo que añora William. Y en las calles, reclamando la implementación de los acuerdos, ha estado ese mismo pueblo, trasvertido en clase media urbana, que al parecer no es visible para William.

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