Y a mí, ¡qué me importa!

3 de julio del 2012

Resuelta ya la coyuntura política del Valle del Cauca, elegido gobernador para los próximos tres años y medio, quedan por examinar muchas preguntas y enseñanzas, porque como casi siempre andamos enfrentados a urgencias electorales, no nos queda tiempo para repensar lo que debería ser fundamental en el quehacer público. Tal vez la primera cuestión a […]

Resuelta ya la coyuntura política del Valle del Cauca, elegido gobernador para los próximos tres años y medio, quedan por examinar muchas preguntas y enseñanzas, porque como casi siempre andamos enfrentados a urgencias electorales, no nos queda tiempo para repensar lo que debería ser fundamental en el quehacer público.

Tal vez la primera cuestión a mirar con detenimiento es el interrogante de ¿por qué a tan pocas personas les interesan las elecciones?, ¿por qué dejamos en manos de tan poca gente la selección de quien nos va a gobernar a todos?, ¿por qué la sociedad colombiana se ha acostumbrado a delegar sin mirar a quien una tarea prioritaria como lo es la del manejo de lo público?

Un 82% de abstención en la elección de gobernador del Valle del Cauca, debería ser un escándalo y generar una profunda reflexión; pero no es así, es apenas una cifra estadística más y no algo que sirva para cuestionar la sociedad que la produjo o la legitimidad de quien salió electo con tan solo el 9% del potencial electoral.

Se buscarán las excusas de siempre, que estábamos en medio de un puente festivo, que había un partido por la copa europea de fútbol, que hace poco se habían dado otras elecciones, que los candidatos no motivaban a nadie. Disculpas, meras disculpas, lo que hay en el fondo es un total desinterés por la cosa pública, la convicción perniciosa de que da igual tal o cual candidato, la decisión silenciosa pero masiva de que hay que dejarle la responsabilidad pública a los mismos de siempre, a los políticos profesionales, para concentrarnos en los intereses privados, que eso si son nuestros verdaderos intereses. Y por este camino terminamos gobernados —lo que no es poca cosa— por cualquiera o mejor por aquel que logre conquistar el mayor apoyo de un grupo cerrado y privilegiado de personas: la clase política.

Virgina Mayer, columnista de este mismo portal describió con una frase magistral la segunda enseñanza de esta coyuntura política: “Colombia se enciende como un fósforo de esos que se ahogan en el inodoro”. Es verdad, la participación, ese intento que a veces aparece en nuestro país de entrar a hacer parte de las decisiones que nos afectan a todos, cuando aparece, es apenas una llamita —no una llamarada— la de un fósforo, una insignificante luz efímera que se apaga al menor contacto con el agua o la briza. Nuestra cultura política dura lo que dura la noticia en los medios y se convierte en “periódico de ayer” para concentrarnos en el nuevo escándalo de hoy. No hemos aprendido a vivir procesos colectivos de mediano o largo aliento tal vez porque nos hemos dejado imponer el ritmo de la inmediatez de los tweets, esos trinos efímeros que nos llegan por montones en una mezcla informe de comentarios privados, críticas públicas, agresiones personales y chispazos creativos. Los trinos son como vómito social, un revuelto de todo lo que devolvemos cuando estamos indigestados.

Finalmente, aunque hay muchísimas cosas más que aprender de lo que acabamos de vivir en el Valle del Cauca, nos queda el sabor amargo de la poca importancia que se le da, en el manejo del Estado, a la preparación académica. Desde la Constitución del 91 —y esa sí que sería una reforma importante para hacer y no la de impunidad que nos quisieron meter los congresistas— cualquier analfabeta puede manejar entidades del Estado o legislar, siempre que a esta posición se llegue por elección popular. Así que ahora tenemos un gobernador con el más escaso porcentaje de participación desde la creación de la figura de elección popular de gobernadores y sin estudios universitarios, para manejar una región quebrada, dividida, marcada por la corrupción política, la violencia y el narcotráfico.

¿Será que el señor Ubeimar Delgado va a sacarnos de este atolladero?

www.margaritalondono.com

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