Y ahora… ¿todos somos corruptos?

14 de marzo del 2011

Lo que nos faltaba, los Nule nos dan normas sobre el comportamiento humano, obviamente basados en su forma de actuar. Es increíble hasta donde ha llegado la arrogancia de estos señores y la estupidez de todos los que les han permitido lujos con los que la gran mayoría de colombianos no pueden ni soñar. Hasta ahora nadie ha aclarado cómo se le acepta a unos personajes con inmensas cuentas pendientes con el Estado, con un sin número de acreedores, que reconocen haber pagado sobornos, que no vuelvan a Colombia a someterse a las investigaciones que son obvias, simplemente porque aducen que están amenazados. Claro que están amenazados porque han dejado engrampada a mucha gente, para no decir que a 46 millones de colombianos. Desaparecer recursos del Estado es robar plata de los impuestos que todos, hasta los más pobres, pagamos. ¿Les parece injustificada o poca razón para que los amenacen? Y esa no es una explicación válida para no venir a poner la cara y por el contrario, seguir disfrutando del anonimato en Italia o en Miami. Colombia está llena de gente amenazada por tratar de hacer el bien y sin embargo aquí se quedaron, así sus declaraciones muchas veces les hayan costado la vida.

El país está saturado de los Nule y ya llegó el momento de que se les juzgue como a cualquier ciudadano, porque eso son: ciudadanos del común. Pero no solo a ellos sino a sus promotores, a los que los convirtieron en los “nuevos cacaos”. Sería interesante que el ex presidente Uribe le explique al país cómo dieron ese gran salto gracias a los buenos oficios de los lobistas de Palacio. Jamás se ha aclarado quien les permitió usar la plata de estupefacientes. En fin, cada día se destapa un nuevo capítulo de esta historia que es una muestra de que hasta para manejos no transparentes existen estratos. Según los  Nule todo lo que ellos han generado es producto de errores pero no de delitos. Es hora de que la justicia colombiana actúe y aclare este penoso capítulo de la sociedad costeña, que a muchos nos duele porque conocimos y apreciamos a los padres de Guido, que deben estar pasando momentos muy difíciles.

Esa táctica de generalizar pecados ya la habían tratado de usar otros, porque si todos somos corruptos, nadie termina siéndolo. Pero a pesar de que en este país se están cayendo todas las estanterías: las de ex presidentes, las de exitosos hombres de negocios, las de políticos que presumían de impolutos, la verdad es que se pondrá de moda la honestidad, la transparencia y todos mirarán con sospecha esas grandes fortunas y mansiones en Miami y Dubai compradas de la noche a la mañana. Otra será Colombia cuando tener principios, respetar los derechos de los demás, no asaltar el erario público, sean virtudes apreciadas y no unos comportamientos que incomodan en medio de tanta corrupción y de tanta tolerancia. Esa idea de que si yo soy honesta no me importa que mis amigos sean deshonestos, tan común en muchos sectores políticos y sociales, está haciendo crisis.

Hoy el tema de conversación entre la mayoría de los colombianos que no se han robado un peso es su desesperación por la acumulación de escándalos; por la caída de muchos ídolos a quienes sectores tolerantes, a veces por puro oportunismo, consintieron. Pero después de la tormenta vienen la calma y lo más probable es que la virtud más apreciada para escoger futuros dirigentes será la honestidad.

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