¿Y ahora quién podrá ayudarnos?

¿Y ahora quién podrá ayudarnos?

19 de septiembre del 2018

Llegó el momento de asimilar el fin del programa Ser Pilo Paga y conviene hacerlo desde la perspectiva de la oportunidad, pues fue la esperanza de muchos jóvenes que por limitaciones económicas no podían ingresar a la universidad, un programa que, si bien con errores desde su concepción y un altísimo costo, pudo beneficiar 40 mil estudiantes de escasos recursos en todo el país. Así las cosas, es justo reconocer que el objetivo esencial de la iniciativa estaba bien encaminado teniendo en cuenta que buscaba eliminar las desigualdades a través del acceso a la educación superior de calidad; sin embargo, la estrategia para su implementación fue equivocada llevándola al inminente fracaso.

Circulo vicioso

El debate que debe tener el país no debería centrarse exclusivamente en las enormes cifras del programa, que lo hizo insostenible, sino en las lecciones aprendidas que nos permitan atender la crisis del acceso a la educación superior. En Colombia solo 34 de cada 100 jóvenes que terminan el colegio ingresarán a la educación superior, y más de la mitad de ellos, nunca culminarán sus estudios universitarios, una situación que posiblemente se repetirá con sus hijos, agravando sus perspectivas de ingreso, empleo digno, hábitos saludables y calidad de vida.

Este proceso constituye un círculo vicioso de fracaso universitario que infortunadamente parece no interrumpirse en el corto plazo. Así lo advierten los cálculos del CEDE de la Universidad de los Andes, en los cuales se indica que la probabilidad de ingreso de un joven a la educación superior baja con el desempleo, pero que dicha probabilidad puede mejorar cuando uno de sus padres culmina estudios universitarios. De hecho, el estudio señala que un aumento del 1% en la tasa de desempleo, incrementa el 1,04% de deserción estudiantil en carreras técnicas o tecnológicas, por ejemplo.

Sin duda esta situación se agrega al amplio portafolio de problemas que aún subsisten en materia educativa, tales como ampliar cobertura, calidad, deserción, infraestructura, pertinencia, costos elevados, financiación estatal y baja corresponsabilidad con el mercado laboral. Una tarea que debe ser atendida por esta generación y que requiere diversas estrategias para llevarlas a feliz término.

¿Y ahora quién podrá ayudarnos?

Necesariamente el programa Ser Pilo Paga debe ser reemplazado por una política de Estado que esté debidamente concertada. La Educación Superior demanda un gran acuerdo, entre gobierno, universidad, jóvenes, empresa, congreso, alcaldías, concejales y sociedad civil. Todos sin excepción pueden realizar su aporte.

Esto significa que estamos en la necesidad de adelantar estrategias basadas en la Innovación Social y trabajar sobre nuevas formas de colaboración que permitan abordar las necesidades sociales actuales desde otra perspectiva.

Bogotá podría contribuir en este aspecto. En 2017, el Concejo de la Ciudad en trabajo conjunto con la Administración Distrital – Secretaría de Educación, aprobó el Acuerdo No.670 denominado “Educación Superior para Todos” que está basado en un modelo de innovación social que se diferencia ampliamente de “Ser Pilo Paga”, y se proyecta como una estrategia fuerte para transformar el sistema de financiación para el acceso y la permanencia de la Educación Superior en la ciudad.

Las diferencias entre el modelo nacional “Ser Pilo Paga” y el programa distrital “Educación Superior para Todos (Acuerdo 670 de 2017)” son evidentes y puede ayudarnos a desarrollar una política concertada en esta materia.

Diferencias entre “Ser Pilo Paga” y “Educación Superior para Todos”

Sin duda la experiencia que empieza a establecerse con “Educación Superior Para Todos” es un camino importante que puede contribuir en el diseño de la política pública que reemplace “Ser pilo paga”. En todo caso este nuevo programa debe ser colaborativo, que favorezca la corresponsabilidad, la concertación, que priorice la universidad pública y las personas de especial atención, que concentre recursos en las regiones principalmente y que sea absolutamente incluyente.

Estas lecciones aprendidas, no pueden ser ajenas al Gobierno Nacional, porque al final de todo ingresar a la universidad no es un problema de unos bachilleres, es de la sociedad en general. Cerrar el círculo de pobreza tiene el costo de la educación, pero siempre teniendo presente que “una inversión en conocimiento paga el mejor interés” Benjamín Franklin.

Nelson Cubides Salazar – Concejal de Bogotá. 

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