Yo no quiero un hijo gay

18 de febrero del 2015

“Veríamos a cada rato bromas flojas. Si llamo a mi hijo Juan, le dirían Juana.”

Es suficiente el temor que da tener un hijo heterosexual que quiera estudiar en una universidad privada de Colombia.

Ya con eso bastaría, seguro, porque los costos son inadmisibles.

Pero si fuera el caso y el pequeño sale con gustos de hombre con hombre o de mujer con mujer, ambos tendríamos que soportar el juzgamiento descarnado de un país de doble moral.

Así es la cosa. Simple. Sujetos que sueñan con un trío, con dos hermosas mujeres desnudas besándose con él en la cama, escaldarían a los gais solo por cogerse de las manos en público.

Tampoco quisiera tener un hijo gay por los chistes ofensivos que tendríamos que soportar.

Me lo imagino afeminado (que no es lo mismo que gay) jugando fútbol y me da temor. Los chistes serían contra él y contra sus padres por no saberlo educar como “macho”.

Un colegio bilingüe masculino o femenino tendría hasta connotaciones sexuales, por eso de las “lenguas”.

Veríamos a cada rato bromas flojas. Si llamo a mi hijo Juan, le dirían Juana. Si la llamo María José, le dirían José María.

“¿Cómo le fue a su hijo en la excursión?”, me podrían preguntar. “Me imagino el bacanal”, agregaría tal vez algún avezado heterosexual.

Y así vamos a seguir, no lo dude. En 15 años igual Colombia no va a cambiar mucho, más allá de lo que decida la ley sobre derechos gais.

-Papá, ¿y tú que estudiaste en la Universidad de La Sabana viste allá muchos homosexuales? –podría indagar mi hijo en el futuro.

-No muchos, pero sí vi varios, Juan. Algunos muy disimulados –podría responder-.

-¿Y es verdad que en esa Universidad decían que la homosexualidad es una enfermedad, como una especie de trastorno mental?

-Sí, pero después se retractaron, Juana.

La conversación no terminaría ahí. Después sentaría a mi hijo o hija en mis piernas y le diría que en estas épocas nadie sabía realmente lo que quería.

Que una exfiscal llamada Viviane Morales impulsó un referendo contra la adopción gay.

Que el procurador de la época, un tal Alejandro Ordóñez, era un conservador a ultranza.

Que hablaron la Iglesia, las Cortes, académicos y demás y que varios políticos sí apoyaron a los homosexuales pero con el fin de sobresalir.

Nada concluyente al fin y al cabo.

Incluso, que en Twitter se demostraba la polarización de pensamientos con las siguientes tendencias:

#SiALaAdopcionIgualitaria

#NoALaAdopcionIgualitaria

Y finalmente, antes de cambiar de tema, le contaría como anécdota que en las clases en La Sabana siempre vi un Cristo colgado de la pared.

Entonces Juan sí podría irse, para ir a ver una película en casa de su novio, José. Si es María, para irse a dormir en el apartamento de Juana, su novia.

Cualquiera de los hipotéticos casos me produce escalofríos.

Si he de tener hijos quisiera que fueran heterosexuales y, más allá de eso, sanas y buenas personas.

La idea que yo tengo de libertad golpea a veces mis convicciones. Pero sé que tengo que respetarla como derecho sagrado y no religioso.

@javieraborda

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