“Mississippi” Fred McDowell

“Mississippi” Fred McDowell

12 de enero del 2011

Los primeros años del siglo XX en Estados Unidos son los años del auge del blues entre los negros del Delta del Mississippi, movimiento tan asombroso y de tan gran influencia para la música americana posterior que pasó a llamarse delta blues en honor a la región. Entre los principales exponentes de esa “escuela”, que era por supuesto todo lo opuesto a una escuela, están el inolvidable Leadbelly, el olvidado pero igualmente bueno Skip James, y el archiconocido “Mississippi” Fred McDowell, padre indiscutido del delta blues que sin embargo no era de la región del delta, sino de un poco más al norte, casi llegando a Memphis.

De todas formas fue en el delta en que McDowell encontró la relativa fama que le era dado tener a esos músicos pobres y desprovistos de instrumentos. “Mississippi” fue el inventor de la slide guitar, técnica de la guitarra que se logra presionando un objeto contra las cuerdas y deslizándolo por ellas, logrando un sonido parecido al de un serrucho musical o al de un platillo volador en una película de marcianos. Hoy en día, los músicos del slide guitar usan un cilindro de metal que se ajusta al dedo como un anillo ancho, pero “Mississippi” no iba a esperarse a la invención de tan superfluo objeto, y empezó usando una navaja, primero, y un costilla de vaca pelada después, con la que lograba mejor sonido y desgastaba menos las cuerdas.

Aunque el blues fue definitivo para el desarrollo del jazz, del que no se diferenciaba mucho en un comienzo, el blues del delta sólo se hizo famoso a nivel nacional en la década de los cincuentas, en que el joven Bob Dylan lideraba el gusto por el folk de las regiones más pobres del país. A esa moda un tanto pasajera le debemos las únicas grabaciones de Mississippi, que circularon ampliamente durante unos años y luego desaparecieron, habiendo sido reeditadas en la última década.

Las grabaciones, sin embargo, no son un registro fiel del blues del delta original, pues además de las numerosas influencias que fueron cambiando su estilo a lo largo de los años, Mississippi no estaba en estado de grabar cuando grabó. Cuenta uno de los productores de esos discos que habiendo acordado una cita con Mississippi y con Johnny Woods, maestro de la armónica del delta, fueron a recogerlos a sus casas, sólo para encontrarse a Woods borracho hasta la inconsciencia y tirado en el patio frontal de su casa, y a Mississippi directamente ausente de su morada. Una ronda por los bares del barrio, sin embargo, fue suficiente para encontrar a la delirante leyenda del blues, que, tras un café y un chapuzón en compañía de su amigo, se fue a grabar.

La música del disco, que curiosamente se llama Mama says I’m crazy, confirma la historia. La voz de Mississippi parece la de un salsero en agonía, y la armónica de Woods, como si nunca hubiera hecho música, entra sólo cuando canta su compañero, y se calla cuando éste hace silencio. Y sin embargo, o debido justamente a eso, el disco es fantástico, pues representa la venganza histórica de estos dos músicos, rechazados durante años por unas disqueras que de repente, cuando ya es demasiado tarde, descubren el talento de estos viejos y se precian de haberlo encontrado. Pobres como unas arañas, los padres del delta no iban a dejar de firmar el contrato, pero sí se aseguraron, cosa de dejar registrada para siempre la esencia indomable de su música, de llegar al estudio ese día minuciosa y exhaustivamente ebrios, al borde de la inconsciencia.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO