Alberto Durero el retratista imperial

autorretrato

Alberto Durero el retratista imperial

21 de mayo del 2018

Alberto Durero es considerado uno de los pintores más representativos del renacimiento por su capacidad expresiva y para el grabado, que podría convertir un lienzo en un una anacrónica fotografía de delgadas líneas negras.

Durero nació en Nuremberg el 21 de mayo de 1471, casualmente una ciudad que una amplia tradición artística que en ese tiempo ya estaba formada. Pero la mayor causalidad de ese nacimiento, fue que su casa quedaba cerca de la vivienda de los Pirckheimer, y esa morada era frecuentada por Willibald y Michael Wolgemut, los principales influenciadores del artista en sus primeros años.

Además era hijo de un reconocido orfebre de la ciudad, lo que significaba que el trabajo que se desarrollaba en casa era principalmente artístico. Estudió en la escuela latina de arte de la que recibió varios reconocimientos.

Al concluir sus estudios desarrolló un viaje por lo que ahora es conocido como Alemania y el territorio del sur de Italia. Ese viaje le generó relaciones con Andrea Mantegna y Giovanni Bellini quienes marcaron su estilo y la transformación del grabado que venía realizando previamente en su ciudad natal.

Pero el viaje no solo generó influencias a través de otros artistas, sino que los paisajes de los Alpes lo llevaron a imprimir unos grabados ampliamente reconocidos en la representación de la naturaleza en el arte renacentista.

Después de ese viaje de aprendizaje, Alberto Durero se estableció decididamente en Nuremberg para adelantar sus más reconocidas obras de la primera etapa. Produce la Gran Pasión y El Apocalipsis, después de estas crea el autorretrato de Alte Pinakothek de Múnich. Una de las obras cumbres del renacimiento europeo.

Su idas a Italia siempre le generaban grandes inspiraciones religiosas, después del segundo viaje regresó a su taller para plasmar en el lienzo una de las mayores representaciones artísticas del libro del Génesis de la Biblia. Hace un retrato profundamente expresivo de Adán y Eva que ha sido considerada una de sus mayores obras.

Tras cosechar fama, el emperador austriaco Maximiliano I de Hasburgo y el rey católico de España Carlos V, se antojaron de quedar plasmados para la posterioridad con retratos hechos por Alberto Durero. Lo contrataron para hacer varios retratos y grabados de la realeza.

Tal fue su relación con los reyes que tras la muerte de Maximiliano, el emperador Carlos I le mantuvo la renta que le había dado el fallecido. Eso lo mantuvo hasta el 6 de abril de 1528 cuando falleció en Núremberg. De sus ultimas obras se resalta Los Cuatro Apostoles una obra que resalta la monumentalidad humana.