Se inyectó la infección para estudiar los síntomas

13 de agosto del 2018

Alcides Carrión el mártir peruano.

Alcides Carrión

Daniel Alcides Carrión es considerado como uno de los mártires de la medicina peruana, por haber realizado un cuestionado experimento en su propio cuerpo. Se propuso comprender la “verruga peruana” inyectándose en su propio cuerpo.

Nació el 13 de agosto de 1857. Hijo de un emigrante ecuatoriano y una mujer peruana. Su padre nunca lo reconoció ni lo vio en persona, mientras que la madre lo crió en soledad. Así que se trasladaron a las minas de plata donde estaban las mayores posibilidades de conseguir recursos, pero el mayor número de enfermedades.

Pero durante su adolescencia la madre decidió enviarlo a terminar sus estudios a Lima. Una ciudad con gran multiculturalidad, pero que también mantenía prejuicios racistas que hacían rechazar a los descendientes morenos e indios como Alcides Carrión.

Luego ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad de San Marcos que se había visto venida a menos por la guerra con Chile y las profundas divisiones internas entre los profesores. Aún así, Carrión continuó con sus estudios hasta la revolución de 1884.

En ese año llegaron las noticias de unos estudios adelantados en Europa y que mandaban el paradigma de la ciencia. Con las ya comprobadas teorías de Charles Darwin y Herber Spencer sobre las razas superiores e inferiores. Llegó a Perú el estudio de Pasteur, que a través de un microscopio identificó que las enfermedades podrían ser producidas por gérmenes, unas partículas diminutas que entraban al cuerpo y afectaban el organismo.

Alcides Carrión, que se había obsesionado con la cura de la ‘verruga peruana’ una peste que mataba miles de personas, encontró en esta nueva teoría una forma de estudiarla y exterminarla. Él había visto como esta enfermedad cobraba la vida de miles de personas en la construcción del Ferrocarril Central Trasandino, de Lima a La Oroya.

Por eso decidió dedicar sus estudios al análisis de esa enfermedad. Quería demostrar que la verruga era transmisible de cuerpo a cuerpo y ver, cómo esta, crecía para poder identificarla y reconocerla a tiempo. Por eso se le ocurrió inyectársela.

Tomó, sin autorización de ningún consejo médico, una muestra infectada y se la inoculó él mismo. Empezó a analizar qué síntomas producía en el cuerpo, cómo se reproducía y qué ocasionaba. Así logró descubrir que la famosa ‘fiebre de La Oroya’ era uno de los síntomas de la verruga peruana. No era su cometido, pero fue uno de los mayores aportes de Alcides Carrión a la medicina.

“Solo con experimentos arriesgados progresa la Medicina y si tan grave fuera y arriesgara mi vida, habría calmado mis ardientes deseos de hacer algo por la humanidad doliente”, aseguró Carrión.

A partir de los 17 días de haberse inyectado esta infección empieza a experimentar dolores en los tobillos, malestar general, fiebre y demás dolores de la infección. Pero resiste y anota cada dato relevante de la investigación. Hasta que finalmente, sin poder escribir, con un cuadro de anorexia, brote, diarrea y vómito lo vence la enfermedad el 5 de octubre de 1885.

Algunos lo declararon luego loco por exponer su cuerpo a la muerte. Pero los darwinistas lo rescataron como un héroe que entendió su destino y arriesgó su vida por el bien de la comunidad. De hecho ordenaron pintar su retrato, un poco más claro de piel, para enviarlo a Europa.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO