A Carlos Pizarro le arrebataron la paz

A Carlos Pizarro le arrebataron la paz

26 de abril del 2018

Carlos Pizarro León-Gómez fue el quinto candidato presidencial asesinado en Colombia desde Jorge Eliécer Gaitán, y otro de los tantos crímenes de Estado. Pasó a la historia como el primer comandante de una guerrilla que firmó la paz en Colombia.

Carlos Pizarro nació el 6 de junio de 1951 en Cartagena. Era miembro de una familia privilegiada y cuando se graduó de bachiller en el Colegio La Salle de Bogotá, inició estudios de derecho en la Universidad Javeriana. Fue expulsado de esa institución por sus pensamientos revolucionarios y su militancia en movimientos subversivos.

Entró posteriormente a la Universidad Nacional para terminar su carrera profesional e ingresó a los movimientos políticos como la Juventud Comunista (JUCO). Tiempo después, se unió a la guerrilla de las Farc junto a Álvaro Fayad, pero fueron retirados al poco tiempo por sus ideas de que la guerra debía ser urbana y atacar los centros de producción. La entonces guerrilla fundaba su lucha en la defensa del territorio y desde lo rural.

Para 1970, el robo de las elecciones presidenciales al candidato Rojas Pinilla, despertó el ánimo revolucionario de las juventudes comunistas que seguían al exdictador. Después de esos hechos, se crearon grupos de oposición subversivos en diferentes ciudades, a ellos perteneció Carlos Pizarro.

Pero tras ser expulsado de las Farc, se incorporó de lleno a esos grupos hasta que en 1973, junto a Álvaro Fayad, Jaime Bateman Luis Otero Cifuentes, Vera Grabe, Iván Marino Ospina y otros, decidieron fundar el Movimiento 19 de abril.

Cayó en una emboscada del Ejército en 1979 fue juzgado por un consejo de guerra y estuvo recluido hasta 1982 cuando, el entonces presidente, Belisario Betancour decretó la ley de amnistía para los guerrilleros, lo que resultó en la liberación de más de 1.200 rebeldes.

Ese hecho avanzó los procesos de paz, pero la profunda ofenda que sentía los militares tras las emboscadas del ’eme’ y el robo de las armas en el catón norte, impidieron la prosperidad de cualquier tregua. Por un atentado del Ejército en contra de un destacamento del M-19 en el que se encontraba Carlos Pizarro se cayeron los Acuerdos de Corinto de 1984.

Para ese momento, la arremetida de las Fuerzas Armadas ya había cobrado la vida de varios líderes del M-19, entre ellos los comandantes, Jaime Bateman, Mariano y, después de la Toma del Palacio de Justicia, la vida del comandante Fayad.

Fue en ese momento que Carlos Pizarro tomó la dirección del movimiento. Fue él quien ordenó el secuestro de Álvaro Gómez Hurtado para tener un capital con qué negociar los diálogos de paz. En ese entonces el presidente Virgilio Barco cedió e iniciaron los diálogos que podrían fin a la guerrilla urbana colombiana.

El M-19 se desarma

El 9 de marzo de 1990, en Santodomingo, Cauca, junto a otros 100 guerrilleros del M-19, Carlos Pizarro desenfundó su pistola 9mm, la envolvió en una bandera de Colombia y la dispuso en una pila de armas. “Por la paz de Colombia, por la dignidad, por la democracia, por abrirle a Colombia un horizonte donde tengamos una patria más cercana a todos”, fueron sus palabras antes del acto protocolario de desarmado.

Días después, Carlos Pizarro inició su campaña presidencial con un gran número de seguidores que lo admiraba. Pero tan solo tres meses después de iniciada esa campaña, el 26 de abril de 1990, fue acribillado por sicarios. Llegó tarde al aeropuerto El Dorado por una entrevista con Yamit Amad, pero el avión HK 1400 de Avianca continuaba esperándolo en el hangar.

Se subió a las sillas traseras del avión, se sentó y se aseguró. Tan pronto como el avión tomó un poco menos de los 5.000 metros de altura, uno de los hombres que lo acompañaban se puso de pie, entró al baño y cuando salió le disparó una ráfaga de ametralladora al candidato presidencial.

El asesino de Carlos Pizarro fue dado de baja por Jaime Ernesto Gómez Muñoz, un funcionario del DAS designado para la seguridad de Pizarro. Aún no se conocen las condiciones de su asesinato y quién estuvo tras este, a pesar de que en la fraudulenta autobiografía de Carlos Castaño, el jefe paramilitar se haya atribuido el crimen.

Por ahora, el crimen ha sido declarado de lesa humanidad para que no se termine el proceso hasta dar una respuesta de justicia. La Fiscalía ha señalado que el asesinato del sicario, por parte de un agente del DAS, pudo responder a “no dejar cabos sueltos” o testigos del hecho, lo que involucraría a organismos del Estado en otro asesinato efectuado por el brazo oscuro del Departamento Administrativo de Seguridad.

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